viernes, 6 de mayo de 2016

Luis Patti y tres represores fueron condenados por los asesinatos de Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereira Rossi

El final de la historia oficial

Luis Patti y Juan Spataro, policías de la provincia de Buenos Aires, recibieron la pena máxima como coautores del secuestro y asesinato de los militantes peronistas, pero seis imputados, entre ellos el dictador Reynaldo Bignone, fueron absueltos.

La lectura de cada veredicto condensa la expectativa no sólo de los meses de testimonios y pruebas, sino de décadas de luchas e insistencia. Gladys y Ethel Cambiaso esperaban ayer en la primera fila del público la sentencia a los responsables del secuestro y asesinato de su hermano Osvaldo, “el Viejo”. Ahí nomás estaba sentado Juan Griffo, el cuñado de Eduardo “Carlón” Pereira Rossi. El juez Jorge Venegas Echagüe leyó la decisión del Tribunal Oral Federal número 2: condenar a prisión perpetua a Oscar Guerrieri y Luis Muñoz, jefes del Destacamento de Inteligencia 121, como coautores mediatos y a Luis Patti y Juan Spataro, policías de la provincia de Buenos Aires, como autores penalmente responsables de los secuestros, torturas y asesinatos de los dos militantes montoneros. El siguiente punto fue como una puñalada en el corazón: absolvieron a los otros seis imputados. Juan Cabrera, Ariel López, Carlos Sfulcini y Walter Pagano, los cuatro Personal Civil de Inteligencia, integrantes de la llamada “Patota de Guerrieri”. Los magistrados también dejaron libres de culpa a Reynaldo Bignone, dictador y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas el 14 de mayo de 1983, y a Rodolfo Rodríguez, que era jefe de Operaciones del Comando del 2º Cuerpo de Ejército. Durante el proceso, murió otro PCI, Ariel Porra, y fue apartado de la causa por razones de salud Carlos Lucena, que era jefe del Comando de Segundo Cuerpo de Ejército.

Sólo Cabrera y López escucharon el veredicto en la sala. El resto lo hizo por videoconferencia, desde sus lugares de detención.

“Esperábamos que Bignone fuera condenado y esperábamos más condenas de los PCI”, afirmó Ethel Cambiaso tras el veredicto. “La mitad es buena, la otra mitad deja mucho que desear. Desde hace 33 años esperamos condenas y en lo que hace al meollo central estamos contentas, en lo otro falta. Como el 1 de julio van a dar los fundamentos, Nadia (Schujman) me dijo que vamos a apelar”, agregó esperanzada. La abogada de HIJOS representó a las hermanas en este proceso.

“Estoy satisfecho por un lado que se condenó a los que apretaron el gatillo, como Patti, pero me sorprende que Bignone no tenga ninguna responsabilidad política y me sorprenden las absoluciones, porque ellos no llegaron solos hasta donde fueron fusilados. Hubo una patota que actuó”, consideró Griffo. En el acto que se realiza después de cada sentencia, esta vez la sensación era agridulce.

Disidencia

La decisión del TOF 2 no fue unánime. La sentencia fue avalada por Venegas Echagüe y Beatriz Cavallero de Baravani, mientras el otro integrante del tribunal, Omar Digerónimo, hizo una disidencia parcial. Por un lado, se pronunció por condenar a Bignone a prisión perpetua como autor mediato. Y por el otro, consideró que la calificación legal de lo ocurrido entraba dentro del delito de genocidio. En cambio, sus dos colegas lo desestimaron expresamente.

En cuanto a las responsabilidades, Guerrieri y Muñoz fueron condenados por dar las órdenes (autores mediatos), mientras Patti y Spataro lo fueron por ejecutarlas. Aunque las características de lo ocurrido hacen pensar que el operativo involucró a muchas más que dos personas.

El abogado de la Secretaría de Derechos Humanos, Santiago Bereciartúa, subrayó la importancia de las condenas, pero afirmó que llamaba la atención la absolución de los PCI, ya que el tribunal condenó a Guerrieri como autor mediato pero no a los integrantes de la patota que él comandaba como ejecutores.

Cambiaso y Pereira Rossi fueron secuestrados a media mañana del sábado 14 de mayo de 1983 –una jornada que los testigos recordaron como ventosa– en el bar Magnum, de Rosario. Según profusos testimonios ofrecidos durante el juicio oral, fueron llevados a la tornería Maiorano, sobre calle Biedma, donde los torturaron. Esa misma noche sus cadáveres aparecieron en un camino rural cercano a Lima, en la provincia de Buenos Aires, donde se simuló un enfrentamiento.

Parte del plan

Desde la fiscalía que integran Adolfo Villate y Federico Reynares Solari alegaron que estos asesinatos –así como el de Raúl Yager, el 30 de abril de 1983, en Córdoba– formaron parte del plan sistemático de represión ilegal en la última etapa de la dictadura cívico-militar en Argentina: el recurso a un posible rebrote subversivo para garantizar la impunidad, por la vía de una ley de autoamnistía. Por eso, tanto las querellas como el Ministerio Público acusaron a Bignone. Su absolución causó quizás la mayor sorpresa –e indignación– de la sentencia. “Vamos a insistir en la posición de la fiscalía en cuanto a que quienes intervinieron en el secuestro, quienes llevaron adelante materialmente el secuestro y los tormentos en la ciudad de Rosario fueron los integrantes del Destacamento de Inteligencia 121 que estaban imputados en la causa y también vamos a recurrir en Casación las absoluciones de Bignone y de Rodríguez porque consideramos que en función del rol que cumplían debían tener conocimiento de lo que estaba sucediendo, porque formaba parte de la estructura jerárquica que ellos comandaban con distintos grados de responsabilidad”, lo puso en términos jurídicos Villate ante una consulta de Página/12.

Las absoluciones, de todas formas, no taparon las condenas, que tenían en esta causa un valor especial. “Festejo las cuatro perpetuas que son un logro enorme. Recordemos que dos de estos personajes (Spataro y Patti) tenían un sobreseimiento firme y que son personajes emblemáticos en la impunidad de este país, pero no puedo mentir y no expresar mi disconformidad con las absoluciones que, obviamente, vamos a apelar. Creemos que hubo mucha prueba de la participación de los otros imputados que, además, por el lugar que ocupaba en la cadena de mandos, eran responsables”, expresó Schujman.

Insistencia

Haber llegado a una condena por delitos de lesa humanidad en esta causa fue una hazaña que comenzó con el tesón de las hermanas de Cambiaso y el denodado trabajo del fiscal federal Juan Murray, cuando asumió su función en San Nicolás. La causa fue reabierta en 2005. Pieza clave de la reconstrucción de lo ocurrido con los dos militantes montoneros, Murray fue durante este debate el blanco de los ataques de los abogados defensores privados de los represores. Es que Murray desmontó la teoría del enfrentamiento, como así también el sobreseimiento que dictó en la década del 80 el juez penal de San Nicolás Juan Carlos Marchetti. El fiscal insistió con que se trataba de “cosa juzgada írrita” y lo peleo con uñas y dientes.

Por eso, el veredicto de ayer –aun con su gusto amargo– era para festejar. “Esta causa tenía algunas particularidades que técnicamente las hacía más complicadas que el promedio de las causas por terrorismo de estado, acá había una resolución que cerraba esta causa, hubo que pelear por eso, lo que insumió mucho tiempo, y además había una versión oficial que se había intentado sustentar con un sumario de prevención, una investigación policial que hubo que dar vuelta y se demostró que era falsa la versión oficial de los hechos. Se pudo demostrar que esto no fue un enfrentamiento, sino que fue un asesinato”, expresó Reynares Solari.

Si bien los PCI fueron absueltos, todos tienen condenas anteriores en las causas Guerrieri 1 y 2. Pagano recibió la pena máxima en la primera parte, en 2010, que quedó firme en 2014. Cabrera fue condenado a 25 años; Sfulcini a 20 y López a 16 en diciembre de 2013, en Guerrieri 2.

En esa línea, Schujman rescató el valor de la militancia por verdad y justicia desde hace décadas. “Así como las violaciones a los derechos humanos son como una roca arrojada al agua cuyos efectos se multiplican sobre todos nosotros, también en la construcción de la memoria por la verdad y la justicia son cientos y cientos los que participaron de esto, y que vamos a seguir dando la pelea para esas condenas”, expresó la abogada de Hijos. “Pero no puedo dejar de ver que absuelven a estas personas y Milagro Sala está detenida, Belén (la joven de Tucumán, condenada a ocho años por un aborto espontáneo) está detenida, las dos de manera ilegal. Este es el país en el que estamos viviendo, y vamos a seguir dando la pelea porque no arrancamos de cero. Hay mucho camino recorrido, y vamos a seguir solicitando nuevas imputaciones, de los cómplices civiles y judiciales que aún no fueron pedidas”.

lunes, 1 de junio de 2015

La historia del poeta asesinado : Tilo Wenner

Tilo Wenner, surrealista, editor, secuestrado el 26 de marzo de 1976
La historia del poeta asesinado

Fue un personaje casi de ficción y un bohemio que terminó publicando un semanario en Escobar que se ganó el odio de personajes como Patti. Lo fueron a buscar el día antes del golpe, en un allanamiento a la redacción. Tres días después, se lo llevaron, lo torturaron y quemaron su cuerpo.

 Por Alejandra Dandan

En los años cincuenta Tilo Wenner volvió del Barrio Latino de París, donde había entrado en contacto con el movimiento surrealista. Se embarcó de polizón en un barco de carga y ya en Buenos Aires difundió su modo de ver el mundo entre poetas del bar La Paz. Publicó sus dos primeros libros de poemas en 1957, objetos visuales y de ruptura, mientras salía Serpentina, la primera revista de una serie de ensayos experimentales que dirigió con textos de Rubén Tizziani, Alejandra Pizarnik y hasta Julio Cortázar. Creó la Escuela del Espíritu Experimental y se transformó en un referente de lo absurdo, aunque nunca fue reconocido por el canon. Pasó sus últimos doce años de vida en El Actual, un semanario pequeño, de ocho páginas, publicado en Escobar, marcado por una mirada que se iba poniendo al servicio de los tiempos políticos. A Tilo Wenner lo secuestraron el 26 de marzo de 1976, el mismo día en que salía El Actual con la noticia del asesinato de dos de sus trabajadores y el intento de secuestro, el 23, del mismo Wenner.

El rescate de Wenner en sus dimensiones poéticas y políticas todavía es tarea pendiente. Para Julián Axat, poeta, hijo de desaparecidos, editor de la revista Los detectives salvajes y funcionario de la Procuración, “la desaparición física del poeta es política primero y literaria después. Eso también hace de los libros de Tilo verdaderos tesoros. Creo que Tilo era un poeta vanguardista y experimental fuera del canon. El pensaba la escritura desde la imagen movimiento-objeto, y no por ello era imaginista, ni puramente surreal. Tenía influencias de ambas corrientes muy en boga en los ’50, como Poesía Buenos Aires de Edgar Bayley o Letra y Línea, de la mano de Aldo Pellegrini. Después está la forma, porque los libros de Tilo fueron pensados como pequeñas maquinarias de ruptura estilo ready made contra su tiempo. Un libro de poesía como mingitorio en museo. Después, está lo inhallable del objeto arte, y el valor que le dio el tiempo”.

En 1957, la revista que editaba Wenner ponía sus límites y marcaba sus formas de esta manera:

“Serpentina centrada indefectiblemente en un movimiento semejante al de las aplanadoras en los mejoramientos de rutas, sin vientos favorables, sin recomendaciones de ninguna especie, considera hacer una aclaración:

”Serpentina no es vanguardista ni manierista.

”Con referencia al autobombo y a cierto tipo de planteos que nada tiene que ver con la ética, pensamos lo siguiente: lo que aquí se llama vanguardismo, Lugones, Cocaro, las academias de corte y confección, las admiraciones cambiario crepusculares, los realismos socialistas, suman la sucesivas mediadas de los días opacos.

”Nada tienen que ver con la vida ni con nosotros.

”Ubicada nuestra revista en un plano lógico, aquí y ahora, fundimos la furia de nuestros pasos en elemento básico de nuestra vida: el amor”.
La familia

Federico Wenner es el hermano menor de Tilo. Escribe un mail con un asunto curioso: biografía literaria de Tilo Wenner. En pocas lineas, apretadas, pone algunos trazos de su hermano, sus obras. Una historia distinta a la que Federico suele evocar cuando se presenta en cada juicio de lesa humanidad, donde acude a declarar por otros compañeros caídos de la zona norte, mientras aguarda que la Justicia abra el debate pendiente por su hermano.

Tilo era hijo de Adolfo Wenner y de Catalina Arenst. Adolfo era descendiente de alemanes y rusos alemanes, alemanes del Volga, aclara Federico. Catalina era descendiente de emigrados al Volga. Los padres llegaron por separado a las colonias alemanas de Entre Ríos, donde se conocieron. Tuvieron once hijos en 25 años. Natalia, Rodolfo, Luis, Otto, Augusto, Tilo, Santiago, Ema, Laura, Margarita y Federico, todos entrerrianos menos el último, que nació en la provincia de Buenos Aires. Los Wenner se mudaron después de perder su campo.

“Los terratenientes que los habían llevado a Entre Ríos también tenían campos en Coronel Vidal, cerca de Mar del Plata –dice Federico–, y trajeron a mis padres con varios de nuestros hermanos a trabajar a una quinta grande. Mi viejo salía todos los días por el pueblo a vender la verdura y mi madre se ocupaba de los hijos y del trabajo doméstico en casas de familia. A los 9 años de Tilo, para 1940, sufrió un accidente en un juego. Cayó con la muñeca y quedó con la fractura expuesta. Mi madre tomó un tren de Vidal a Mar del Plata, que son 80 kilómetros. Lo atendieron en el hospital, pensá que era 1940 y ¡ojo! no se habían inventado los antibióticos.” El resultado fue una gangrena que le hizo perder el brazo izquierdo hasta la altura del hombro.

“Para ayudar en casa, porque eramos muy pobres, Tilo se paraba en la antigua Ruta 2 a vender diarios.” Una familia acomodada de Coronel Vidal quiso adoptarlo, pero Catalina se negó. Tilo terminó el primario. Los patrones vivían en Buenos Aires y ofrecieron pagar los estudios de Tilo en Capital y un hospedaje. “Tilo hizo el secundario en el Colegio Sarmiento en dos año y medio, ¡dos años y medio! Se recibió de bachiller nacional con exámenes libres a los quince años”, se entusiasma su hermano.
La poesía

Tilo trabajó de ascensorista en Tribunales y sus padres también dejaron Vidal. Rodolfo, uno de los mayores, contratista de obras, compró un terreno en San Martín y construyó un chalet adelante y una casa para ellos en el fondo, de madera “¡muy grande, pero no una casilla, una flor de casa”. Allí se instalaron Tilo, Laura, Margarita, Santiago y Federico. El resto, se había casado o trabajaba en otras provincias. Tilo hizo dos años de Medicina. Pasó a Filosofía y Letras. Y ahí empiezan los viajes. Como “no tenía un mango” los hermanos mayores financiaron un viaje a Bolivia, Chile y Perú. Federico está convencido que entonces tomó contacto con la poesía surrealista. Cuando volvió consiguió que los hermanos financiaran otro viaje a Francia. Más que nada a París.

Serpentina, su primera revista de experimentación salió en 1957. Tilo editó y dirigió mas tarde otras publicaciones parecidas. KA-BA, autopresentada como “órgano de difusión” de la Escuela del Espíritu Experimental, Pamela 1243 y Mediodía. Entre las firmas están Hugo Loyácono, Raúl Quevedo y Luis Massa. Entre 1957 y 1964, Wenner publicó diez libros y en 1975, ya en El Actual, escribió “Ejercicios para no llorar en vano”, del que sólo se conocen tres poemas porque no llegó a ser publicado (ver aparte). El coronel Antonio Francisco Molinari, subdirector de la Escuela de Ingenieros de Campo de Mayo, encontró los originales y los quemó en un baldío.

Tilo no tenía trabajo, “pero tampoco buscaba”, protesta su hermano. “Permanecía de bohemio hasta que ahí, en el café conoció a Eliana Naón”, empleada comercial, entusiasta de la literatura. Se casaron y vivieron en un caserón de Escobar con diez Naón entre suegra, cuñados y sobrinos. Tilo daba clases de castellano y literatura. “Pero era una casa muy pobre. Y la mujer, de muy buena manera, le dice: de algo tenés que vivir.” Puso un supermercado, pero como se despertaba a la una de la tarde al mercadito lo atendía la suegra y un cuñado. Se endeudó, pidió préstamos y se fundió. En 1964 Un viejo compañero, Rubén Vela, le dio algo de oxígeno al prestarle una vieja imprenta. Justo ese año, Escobar se desprendía del partido de Pilar. Eliana tuvo una idea: “En esta ciudad, Tilo, haría falta un diario”. Y así nació El Actual, de apenas ocho páginas, con salida los miércoles y un lema inolvidable de Facundo Quiroga: “Libre por principio y por propensión: mi estado natural es la libertad”.

“El periódico empezó a crecer”, recuerda Federico. “Hicimos una campaña de suscripción. 500 personas pagaban una suscripción anual. Y mandábamos el diario por correo franqueado. Todas las semanas repartíamos esos 500 ejemplares. La prédica siempre fue crítica pero hasta cierto punto: era 1966, estaba Onganía y realmente el periódico empezó a radicalizarse a comienzos de los años ’70 con la incorporación de las grandes juventudes del peronismo a la política”.

“Tilo tenía una formación absolutamente marxista y era un intelectual que había estado a favor del golpe a Perón del ’55, igual que Rodolfo Walsh”, dice su hermano. “Cuando conoció a la JUP empezó a ver las cosas otra manera. No te digo que se hizo peronista, pero cambió. En El Actual, Tilo publicaba todos los comunicados de la JUP. No les cobraba un peso, pero les decía: yo se los publico, pero como solicitada, el compromiso llegaba hasta ahí. Todos iban a la imprenta como a la Jabonería de Vieytes, por su formación, sus explicaciones eran como clases de enseñanza para los compañeros. Tenía un espíritu libertario, algo de anarquismo, del que no se vende para nada. Y Tilo no se vendió.”

El Actual comenzó a publicar reclamos de los trabajadores de la zona. Los delegados del comedor de la Ford, los que fueron secuestrados después del golpe, le llevaron una denuncia sobre el sector que estaba concesionado a dirigentes del Smata. Tilo la publicó y una patota de la burocracia sindical le cayó al local para apretarlo. La publicación hablaba de la explotación de los trabajadores rurales, la contaminación de los basurales, hasta el maltrato a los pollos de criadero.
Los culpables

Luis Abelardo Patti era policía operador de calle de la comisaría de Escobar. Estaba detrás de los muchachos militantes, noche y día. La imprenta se había mudado: a veinte metros de la comisaría. Ricardo Gabriel Giménez trabajaba como cobrador de las suscripciones de El Actual. Era petisito, de barbita, chueco. Militaba en la JP. Lo secuestraron el 7 de enero de 1976, frente a su familia. Pocos después apareció muerto, con las manos quemadas en un basural de Moreno. Tilo publicó la noticia. Néstor Iván Salas militaba en la JP de Escobar. Dos semanas antes del golpe, lo secuestró la misma patota que se llevó a Ricardo Giménez. El 23 de marzo, pasada la medianoche, un grupo operativo entró a la imprenta. Tilo saltó por un tapial y se escapó sin el brazo ortopédico.

A la mañana siguiente, “Guillermo Saller, un conocido que vivía en el campo, entra a la imprenta y me dice: necesito el brazo ortopédico de Tilo”. “A la tarde, fuimos con un compañero y Eliana al campo. Y Tilo dice: yo no hice nada. Creía que éste era un golpe más. Así que resolvió volver a su casa. El 24 a la tarde, lo trajo el compañero con el auto. Veníamos él, su mujer y yo. Y resolvieron entre los dos, en matrimonio, presentarse el 25 a la mañana en la comisaría de Escobar, entonces a cargo de Stigliano.”

“Tilo se presenta en la comisaría –sigue Federico–. Stigliano le dijo que no había orden de captura y podía volver a su casa tranquilamente. El 24 cayó miércoles, el día que salía El Actual, pero por los episodios salió al día siguiente. La edición del 25 marzo llevaba en la tapa el intento de secuestro al director del diario, es decir, a Tilo. El mismo 25, cuando volvió Tilo de la comisaría armamos la tapa y los distribuimos a los 500 suscriptores. El 26 a la tarde, cayó viernes, a las 16.30, viene el sargento ayudante de Stigliano vestido de civil con borceguíes, vaquero y camisa escocesa con dos cabos con uniforme de combate y fusiles FAL. Preguntan por Tilo Wenner. Dicen: me tiene que acompañar y se van los cuatro. Yo me paro en la puerta y veo que entran en la comisaría”.

El 2 de abril aparecen cuatro cuerpos quemados en la vera del río Luján a la altura de Escobar. Los enterraron como NN en el cementerio de Escobar.
La identificación

“Estaban tan quemados que los bomberos los enterraron como NN. Pasaron los años. Patti fue elegido intendente en 1994. Durante su segunda intendencia, llamó al cementerio. Ordenó que los NN pasaran al osario. Ahí trabajaba una señora, Patricia Achú, que declaró después en la causa. Ella llamó a unos peones y hace desenterrar los cuerpos, pero abajo de la primera camada de NN empiezan a aparecer otros cuatro NN más y eso le llama mucho la atención. Llamó al intendente. Le dijo que la orden tenía que ser cumplida. Llamó a Enrique Sdrech, que como vos sabes era un tipo que se interesaba por estas cosas. El llamo a un juez de Campana. Se presentaron, y el juez ordenó que todos los restos fueron trasladados a la morgue de Campana”.

En el 2006, el EAAF lanzó la campaña para recoger sangre de los parientes directos de los desaparecidos. Fueron Federico, Margarita y Augusto. En 2009 restituyeron la identidad. “Tilo era un kilo de huesos. Le habían hecho tragar una llave. En la garganta apareció una llavecita con un llaverito que era del escritorio de la imprenta donde guardábamos el dinero.” Sus hermanos pusieron los huesos en el cementerio de Chacarita. Federico, a puro chamuyo, consiguió hasta un lugar muy bacán: el panteón de los escribanos. Dice que sigue siendo surrealista toda esa última parte porque las familias de los escribanos se horrorizan cuando ven la placa que dice “asesinado por el Terrorismo de Estado”.

El semanario no salió más después del secuestro de Tilo. En 1977 quemaron su libro sin editar. Tilo tuvo dos hijas. Eliana Naón murió en 2001.

domingo, 28 de septiembre de 2014

La Corte confirmó la prisión perpetua para el represor Patti

El máximo tribunal dejó firme el fallo contra el ex intendente y ex comisario bonaerense por el secuestro y asesinato del diputado nacional Diego Muñiz Barreto y del militante Gastón Gonçalvez.

La Corte Suprema de Justicia confirmó la condena a prisión perpetua para el ex intendente de Escobar, Luis Abelardo Patti, por el secuestro y asesinato del ex diputado nacional Diego Muñiz Barreto y del militante Gastón Gonçalves. De esta manera, el máximo tribunal dejó firme un fallo del Tribunal Oral Federal número uno de San Martín y ratificado por la Cámara de Casación, que condenó al ex comisario bonaerense y al último dictador, Reynaldo Bignone, entre otros imputados.

En las instancias anteriores, Patti había sido condenado como "partícipe primario" de la privación ilegal de la libertad y asesinato del militante de la JP Gastón Gonçalvez, y del secuestro del ex diputado nacional Diego Muñiz Barreto y de su secretario Juan José Fernández. Muñiz Barreto fue secuestrado junto con su secretario Juan José Fernández en una carnicería de Escobar el 16 de febrero de 1977.

Ambos fueron torturados en una comisaría de Tigre, luego trasladados al centro clandestino de detención y torturas que funcionó en Campo de Mayo y finalmente Muñiz Barreto fue asesinado en Entre Ríos.

Pero Fernández sobrevivió y se convirtió en el principal acusador en el juicio oral. Además de esos casos, Patti fue condenado también por la desaparición de dos integrantes de la JP de Escobar, los hermanos Luis y Guillermo D'Amico, cuyos restos no fueron encontrados.

Patti fue condenado en primera instancia en abril de 2011; la Cámara de Casación confirmó la sentencia en diciembre de 2012 y ahora la Corte rechazó el último recurso presentado por su defensa.

Si bien ante la Corte el último recurso fue firmado por el abogado Silvio Ramón Duarte, durante todo el proceso también participó como su abogada Valeria Corbacho, quien entre otros asistió al ex presidente Fernando de la Rúa en el juicio por las supuestas coimas en el Senado y actualmente defiende al motorman Marcos Antonio Córdoba, acusado por la "tragedia de Once".

El fallo de la Corte que ratifica la perpetua para Patti fue firmado por los jueces Ricardo Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco, Enrique Petracchi y Juan Carlos Maqueda.

lunes, 23 de junio de 2014

El genocida Patti, con permiso para internarse en una clínica privada !!

La Cámara Federal de Casación Penal permitió salir de la cárcel al exintedente de Escobar y exsubcomisario de la Bonaerense Luis Abelardo Patti, condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad, al hacer lugar a un recurso de la defensa para tratar su discapacidad "hasta tanto se cumpla acabadamente con los ajustes y el reacondicionamiento" de su lugar de detención en la cárcel de Ezeiza.

Los camaristas Angela Ledesma, Alejandro Slokar y Liliana Catucci hicieron lugar de manera parcial al recurso de Casación de la defensora de Patti, Valeria Corbacho. El Tribunal Oral Federal 1 de San Martín, que condenó a Patti, había rechazado conceder la internación en la clinica privada Fleni de Escobar por entender que su rehabilitación a causa de una discapacidad motriz podía llevarse a cabo en una dependencia hospitalaria del SPF.

Pero Casación ordenó una visita a Patti en su lugar de detencion y allí constató que si bien se hicieron reformas para facilitar su rehabilitación no era el lugar adecuado para llevarla adelante en lo inmediato. "Culminadas las reformas edilicias adecuadas, el tribunal podrá, previo dictamen del Cuerpo Médico Forense, disponer el traslado de Luis Abelardo Patti de modo inmediato al Hospital Penitenciario Federal I de Ezeiza", resolvió Casación.

Además, el dictamen advirtió que si vuelve a la cárcel, se deberán "arbitrar los medios necesarios a fin de garantizar los tratamientos de rehabilitación prescriptos de modo adecuado y oportuno, manteniendo a tal fin la coordinación establecida con la empresa de medicina prepaga" con la que cuenta Patti.

"No puede dejar de evocarse que los instrumentos internacionales que obligan al Estado argentino reconocen el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental", se recordó en el fallo que aludió a tratados internacionales.

Ante la "morigeracion" de la modalidad de detencion de Patti, el Tribunal de San Martín deberá ordenar las medidas de seguridad que considere adecuadas para el control del condenado.

martes, 11 de diciembre de 2012

Patti será juzgado por el asesinato del periodista Ricardo Giménez

El ex comisario volverá a ser juzgado por delitos de lesa humanidad, ahora por el asesinato del periodista Ricardo Gabriel Giménez, cometido en enero de 1976 y cuyo cuerpo fue encontrado en 2008 en el cementerio de Moreno.

El caso fue elevado a juicio oral por el juez federal de Campana, Adrián González Charvay, en la causa por el crimen del periodista, que se desempeñaba del diario “El Actual” de Escobar y era compañero de militancia de Gastón Gonçalves, por cuya desaparición y muerte Luis Patti fue condenado a prisión perpetua en abril de 2011.

Según el expediente, que será ventilado ante el Tribunal Oral Federal 3 de San Martín en fecha aún a determinar, un grupo integrado por Patti intentó secuestrar a Giménez en un allanamiento ilegal a la casa de sus tíos en diciembre de 1975, pero no lo encontraron.

Las persecución se realizó en el contexto del hostigamiento a integrantes de la Juventud Peronista de Escobar y del staff de un periódico local que denunciaba abiertamente los atropellos y represión policial en los conflictos sociales.

En enero del `76, el periodista fue secuestrado en la casa de sus abuelos en la localidad de Loma Verde, partido de Escobar, y permaneció desaparecido durante 32 años, hasta que se logro el reconocimiento de su cuerpo, encontrado fusilado en un basural de Moreno el 30 de enero de 1976 y luego enterrado como NN.

Este ataque, dice la resolución del juez González Charvay, fue el primero de una serie de secuestros y desapariciones cometidos en la zona donde Patti, integrante entonces de la Comisaría de Escobar, operó cumpliendo órdenes del Ejercito bajo la jurisdicción del Comando de Institutos Militares en el marco del terrorismo de Estado.

Patti está acusado por una multitud de delitos, entre ellos amenazas reiteradas, allanamiento ilegal, privación ilegítima de la libertad reiterada en tres oportunidades con abuso funcional agravada por el empleo de violencias y amenazas; robo agravado por el empleo de armas y en banda; imposición de tormentos agravado y homicidio agravado por la alevosía y en concurso premeditado de dos o más personas.

martes, 7 de febrero de 2012

Las hermanas que cultivaron la memoria

Ethel Cambiasso, locuaz y memoriosa tras el procesamiento de 9 represores.

Junto a Gladys pelearon desde 1983 para que se esclareciera el asesinato de su hermano Osvaldo y de Eduardo Pereyra Rossi. Disconforme por la falta de mérito para Chuli Rodríguez y el Gato Andrada, reconoce que empieza a hacerse justicia.
 
Ethel Cambiasso recordó la militancia de su hermano y las circunstancias de su secuestro en 1983.
 
Por Luis Bastús

El procesamiento dictado la semana pasada contra nueve represores --"Reynaldo Bignone y Luis Patti, entre ellos"-- por el secuestro, torturas y homicidio de Eduardo Pereyra Rossi y Osvaldo Cambiaso significa para quien lleva casi 29 años de espera algo de satisfacción, una tímida sensación de justicia que recién llega, aunque incompleta, porque hay dos que zafaron de ser enjuiciados: Víctor Hugo el Chuli Rodríguez y Edgardo el Gato Andrada, beneficiados por falta de mérito. Esa mezcla de pensamientos bulle en Ethel Cambiaso, la hermana menor del cuadro montonero cuyo cadáver apareció fusilado el 14 de mayo de 1983 en un camino rural de Zárate, Buenos Aires. Luego de conocer la resolución del juez Carlos Villafuerte Ruzo, ella atendió a Rosario/12 en su casa, locuaz y memoriosa, pero con la calma de quien tuvo que digerir el dolor más grande de su vida y saber convivir con ello. Y desde ese lugar hilvanó su sentimiento y repasó la vida de su hermano, el pibe venido del campo, el ingeniero que no ejerció, el militante.

"Al comienzo teníamos con mi hermana Gladys una desesperación tremenda por hacer justicia, y me di cuenta que no podíamos hacer nada. Nadie quiso salir de testigo y tenían sus razones. La patota baleó las cubiertas y el auto al abogado que nos habían puesto al principio, (Víctor) Corvalán, y le amenazaron la familia. Pasó mucho tiempo sin ninguna novedad y así pudieron cerrar la causa con esa mentira de que habían muerto en un tiroteo. Esto se empezó a mover recién cuando subió (Néstor) Kirchner como presidente, cuando se anularon las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Ahí se pudo reabrir la causa. De todos modos, fue el último caso de la dictadura pero el que más trabajo le dio a Ana Oberlin (su abogada) para destrabarlo", cuenta.

"Nosotros éramos de Soldini. Mi padre fue agricultor toda su vida, así que vivíamos en el campo, pero nos mandaron a la escuela a Rosario: mi hermana y yo a Misericordia, y Osvaldo al Cristo Rey. Ya entonces él tenía una actitud política definida, no coincidía con las posturas de ciertos profesores y se ponía muy mal. Cuando terminó, consiguió una beca y se fue a estudiar Ingeniería Química en Santa Fe. Ahí empezó su carrera de militancia, y se conoció con todos, Raúl Yager, Fernando Vaca Narvaja, René Oberlin. Y Osvaldo primero trabajaba en el comedor universitario, sacaba fotos artísticas y de casamiento, y estudiaba a la par de la militancia. Cuando se recibió tuvo su primera entrada en la cárcel con la dictadura de Lanusse, y salió por la amnistía que dio Cámpora. Siguió militando, y llevaba una vida blanqueada, pero después pasó a la clandestinidad, algo discutible, pero era muy perseguido y la Triple A ya sembraba el terror", recordó Ethel.

Cambiaso compartió la Nochebuena del '75 con su familia en Soldini. Y partió sin decir adónde. Nunca lo hacía. Volcó el auto antes de llegar a Villa Ocampo, en el norte provincial, y quedó moribundo. El hallazgo de varios documentos de identidad con su foto dentro del coche atrajo a policías y militares que llegaron de Santa Fe y lo arrancaron del hospital local para confinarlo en la cárcel de Coronda. Un preso viejo se apiadó y lo cuidó como pudo. Cambiaso sobrevivió. Era hipertenso y tenía un soplo cardíaco. Y atravesó la dictadura militar como preso político en varios penales del país, Rawson incluso. "Hubo largos períodos sin que pudiéramos verlo -evocó su hermana- y no le daban los remedios que debía tomar. Estaba muy desmejorado cuando salió, tenía 42 años pero parecía de 60, por eso le decían El Viejo. Nuestra perito de parte en la segunda autopsia luego me dijo que Osvaldo no iba a morir anciano".

Las Cambiaso movieron cielo y tierra para conseguir la libertad de su hermano. Y lo consiguieron en 1982, luego de apelar en Roma a Amnesty Internacional. Osvaldo regresó a la militancia y se instaló en Pérez, junto a sus padres. Consiguió trabajo en un taller de fotomecánica que estaba en Paraguay y San Lorenzo y pudo rehacerse.

Su hermana lamenta que Cambiaso "no haya tenido tiempo de tener una compañera, hijos, porque se había casado con la militancia". La derrota en Malvinas aceleraba el final de la dictadura y Cambiaso se abocó de lleno a preparar la campaña de las elecciones del año siguiente. Abrió una unidad básica en Urquiza al 1200. Se llamaba "Movilización e intransigencia peronista".

En ese ir y venir entre Pérez y Rosario con el Fiat 1500 de su padre, Osvaldo notó que lo vigilaban, y eso sí lo contó a su familia. El 30 de abril de 1983 un grupo de tareas asesinó al comandante montonero Raúl Yager, y Cambiaso presintió que ahora irían por él. "Me voy a tener que guardar por un tiempo", comentó. No le dieron tiempo. Cuando Ethel fue a retirar el cuerpo a San Nicolás, le dieron el certificado de la tramitación del pasaporte que Osvaldo llevaba en un bolsillo.

El resto es historia conocida: la violenta irrupción de la patota al mando del coronel Pascual Guerrieri en el bar Magnum, de Córdoba y Ovidio Lagos, Cambiaso desmayado de un culatazo y arrastrado hasta un furgón, Pereyra Rossi que no alcanza a cortarse las venas, la tortura y la entrega al subcomisario Patti, que los fusila en un camino rural cerca de la localidad de Lima, junto a sus suboficiales Rodolfo Diéguez y Juan Spataro, y fragua un enfrentamiento armado que los jueces fingieron creer hasta 2005, cuando el fiscal Juan Murray logró obligar a Villafuerte Ruzo a reabrir la investigación y anular los sobreseimientos.

Hoy Ethel Cambiaso revive la tragedia: "Teníamos el mal presagio porque desapareció con auto y todo. Cuatro días después, se había organizado una marcha desde la plaza 25 de Mayo hasta la San Martín. Cantaban 'con vida los llevaron, con vida los queremos; Cambiaso querido, no habrá perdón ni olvido'. Entonces apareció por televisión el rostro de mi hermano y la noticia que decía que dos delincuentes subversivos habían sido abatidos en un enfrentamiento. Yo quise entrar durante la autopsia, porque si no lo veía muerto no lo podía creer. Estaba destruido, le reconocí las manos y una vieja cicatriz en la garganta".

Ethel le reprocha a Osvaldo haber bajado la guardia al creer que en vísperas de democracia el aparato represivo había dejado de funcionar. "No se tenían que encontrar en ese bar, sino en otro lado que nadie supo. Y nadie sabe por qué se encontraron en ese lugar. O los mandaron equivocados o los delataron, pero también se dijo que un allegado a mi hermano que iba a la casa peronista de calle Urquiza era de los servicios de Inteligencia y que ese lo traicionó", reveló.

Tanto ella como Gladys, la mayor de los tres, hicieron visible su tragedia y la convirtieron en testimonio a lo largo de estos años de impunidad. "Al comienzo la gente a mi alrededor tenía mucho temor, decía «no me contés, no me contés, no quiero saber nada», pero después ya no. Hasta hubo quienes me han dicho «ay, qué arrepentida estoy de haber pensado como pensaba, ahora que se sabe cómo ocurrió esto». No los juzgo, así es como sembraron el terror".

"Yo sufrí mucho con la muerte de mi hermano, porque era muy pegada a él. Soy un año y dos meses menor. Sufrí mucho, pero el tiempo va restañando heridas. Ahora tengo satisfacción de que se hace justicia. Spataro se quería escapar y ahora parece que lo atraparon. Esperemos que realmente se haga justicia. Patti, aunque por otra causa, ya está preso y condenado a prisión perpetua. Ojalá que todos terminen como deben terminar: bien presos", concluyó

viernes, 25 de noviembre de 2011

Patti procesado por el asesinato de un periodista

Marche otra causa

 Por Diego Martínez

Dos días antes de celebrar su primer cumpleaños como condenado, Luis Abelardo Patti fue procesado el jueves por el secuestro y asesinato del periodista Ricardo Miguel Giménez, el primer desaparecido de Escobar. Militante de la Juventud Peronista de zona norte y redactor del diario El Actual, donde escribía sobre los trabajos sucios de la Policía Bonaerense, Giménez fue secuestrado en enero de 1976 y no hubo rastros de su paradero hasta 2007, cuando un registro burocrático permitió probar que lo asesinaron después de 23 días en cautiverio. El ex intendente de Escobar, que hoy festejará sus 59 años en el hospital de la cárcel de Ezeiza, fue procesado esta vez por el juez federal subrogante de Campana, Adrián González Charvay, que embargó sus bienes por un millón de pesos.

Giménez trabajaba en el diario que dirigía Tilo Wenner, poeta y periodista asesinado días después del golpe de Estado. Se ocupaba de investigar las tareas ilegales de la Policía Bonaerense para desactivar conflictos gremiales y amedrentar militantes. Las denuncias le valieron varios hostigamientos, en particular de agentes de la comisaría de Escobar. En diciembre de 1975 un grupo de tareas de policías y civiles allanó de madrugada la casa de los tíos de Giménez. Destruyeron la casa, buscándolo en un supuesto escondite, pero no lo encontraron. El 7 de enero de 1976 la patota invadió la casa de sus abuelos en Loma Verde, en Escobar. Lo secuestraron ante la presencia de sus hijos, entre otros familiares, y robaron hasta el bombeador de agua. Parientes y compañeros lo buscaron y publicaron solicitadas en las que hacían responsable a la policía. La Justicia sobreseyó la denuncia cinco meses después.

El cadáver desfigurado, mutilado y maniatado apareció el 30 de enero de 1976 a la mañana, veintitrés días después del secuestro, en una zona despoblada conocida como La Quema, en Moreno, donde los recolectores descargaban la basura de la ciudad. La División Documentos de la Policía Bonaerense lo identificó por las huellas, pero los restos se inhumaron con “NN masculino” en el cementerio de Moreno, con el visto bueno del Juzgado Penal 4 de Mercedes. El registro lo descubrió y aportó a la causa en 2007 la Dirección General del Registro de Personas Desaparecidas del Ministerio de Seguridad bonaerense. Intervino el Equipo Argentino de Antropología Forense, pero fue imposible restituir los restos a la familia porque en 1982 habían sido trasladados al osario general.

Las amenazas de Patti a Giménez, que no ocultaba su militancia y recorría Escobar como periodista, comenzaron en 1973, apuntó el juez González Charvay. Los trabajadores de la imprenta Rayo, donde se editaba El Actual, solían verlo de civil, en un Peugeot 504 color mostaza, registrando los movimientos del diario. También vigilaba las reuniones en el sindicato del Fatre o en casas de familia. Patti fue reconocido la madrugada de 1975 cuando fueron a secuestrarlo a la casa de sus tíos. “Nunca lo conocí”, afirmó durante su declaración indagatoria, sin obligación de decir la verdad. El juez enmarcó el caso en “un modelo sistemático orquestado y organizado por sectores del Ejército que junto con fuerzas de seguridad, en particular con la comisaría de Escobar, actuaban con la finalidad de exterminar a grupos políticos, sociales, estudiantiles y gremiales, y también a organizaciones armadas”.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Patti condenado por delitos de lesa humanidad, se quiere ir a su casa

En una semana, los camaristas decidirán si hacen lugar a los planteos de la defensa de Patti que, por su tratamiento médico, necesita un traslado a su casa o a la fiscalía, que considera que en el Hospital Penitenciario de Ezeiza puede rehabilitarse.

 Por Alejandra Dandan
 
Luis Abelardo Patti vuelve a dar batalla. Esta vez no lo hace de la mano del ex camarista Alfredo Bisordi, devenido en abogado defensor durante el juicio oral, sino a través de su mujer y patrocinado por Valeria Corbacho, defensora de buena parte del staff de represores procesados en los últimos juicios. Las dos mujeres se sentaron en una sala de audiencias de los Tribunales de Retiro para pedirle a Casación el reingreso a su condición de detenido domiciliario. Patti está preso en el Hospital Penitenciario de Ezeiza, las mujeres quieren llevarlo de nuevo a su casa para que pueda seguir supuestamente con la rehabilitación médica en la Clínica Fleni de Escobar. La fiscalía, representada por Javier de Luca, dio batalla a su vez: se opuso al pedido, desarmó uno de los principales argumentos basado en los riesgos del traslado, pero además hizo eje en dos puntos clave: el rol del Estado y no de los particulares como garantes de los derechos de salud de las personas privadas de la libertad y cuestionó, acaso como nunca antes, como “parciales” los informes médicos del Fleni.

“Muchos médicos y muchos profesionales tuvieron injerencia en el tema, pero no todos los informes son imparciales”, dijo De Luca. “Los que vienen del Fleni son de un paciente que tiene su obra social o prepaga, los profesionales de algún modo dictaminan exclusivamente mirando un interés cercano a Patti, que no son exactamente los informes de los forenses y médicos que pusimos desde el ministerio fiscal para poner un tinte de objetividad en todo esto.”

De Luca, que viene además de ser fiscal en la causa oral de San Martín, y ahora es fiscal ante la Casación, recordó cómo la “guardia médica de no especialistas en sus problemas justificaron con sus informes sus inasistencias a las audiencias”. Por eso dijo que los “protocolos del Fleni deberían ser revisados por los médicos imparciales del Poder Judicial y podemos poner nuestros médicos y facultativos para resolverlo”. En el Hospital de Ezeiza, Patti tiene asegurado controles las 24 horas del día, lo cual no está garantizado en su domicilio, agregó. La obra social de Patti, OSDE, también puso a disposición una carta de centros asistenciales para rehabilitación en la zona. “Los internos están a cargo del Estado, no del Fleni –subrayó ante los jueces–, no pueden estar internados en un sitio particular, ir al Fleni es totalmente anómalo: el domicilio queda fuera del control penitenciario y no puede ser una suerte de profesionales privados los que decidan la suerte del reo.”

La sala de audiencias estaba casi vacía. De un lado, los tres jueces, Pedro David, Liliana Catu-cci y Alejandro Slokar. Del otro, De Luca y en línea exactamente opuesta Corbacho. Entre el público, solo hubo dos personas, entre ellas la mujer de Patti, una escribana que se ofreció, a través de su abogada, a presentarse todas las veces que hiciera falta como garante de la detención. Ella estuvo en silencio. La cabeza se movía para uno y otro lado. Saquito caqui, zapatos al tono.

Patti está detenido en Ezeiza, en una cárcel común, una decisión que tomó el Tribunal Oral Federal 1 de San Martín presidido por Lucila Larrandart con su sentencia, y a partir de reclamos insistentes de las víctimas, de las querellas y también de los fiscales del juicio. Sus condiciones de salud terminaron convertidas en ese proceso en uno de los temas del debate. Cuando aparecía, en el teatro auditorio donde se llevó a cabo el juicio, lo hacía acostado como un muerto trasladado arriba de una camilla y ubicado en el medio del teatro. Y cuando no aparecía, sus abogados esgrimían razones médicas que luego iban siendo refutadas por forenses. El problema de base es un ACV, efecto de una operación en el cuello. Un cuadro del que se recupera pero para el que necesita, según acuerdan al parecer todas las partes, trabajos de rehabilitación.

Dicho esto, su defensora fue a la Casación en queja porque el Tribunal de San Martín le rechazó los pedidos. Ayer planteó básicamente dos argumentos: los problemas de la “arquitectura” del hospital con poca luz, escaleras y sin rampas que le impiden tomar aire o sol. Y el problema de los traslados que según sus médicos deberían reducirse a lo indispensable porque cualquier “bache” puede complicarlo. El problema es que, como requiere rehabilitación, él necesita trasladarse a otros espacios.

La fiscalía también desarmó ese planteo, esta vez por contradictorio. Nadie explicó por qué la rehabilitación no puede hacerse en el Hospital. Pero lo que sí dijo De Luca es que en todo caso también habría que trasladarlo desde su casa hasta el Fleni, y el supuesto riesgo entonces no se habría eliminado.

“Las decisiones no son definitivas, son dinámicas, y el mismo Tribunal por ejemplo ha dispuesto que se vea la forma de eliminar los escalones para el acceso de sillas de ruedas del interno”, explicó el fiscal. “Desde el ministerio fiscal intervenimos en el incidente de salud porque estábamos preocupados por la salud de Patti, del mismo modo que lo están los jueces del Tribunal 1. Los fiscales tuvimos una reunión con el secretario de Justicia para que nos aseguraran que en el Hospital Penitenciario Central de Ezeiza había un lugar adecuado para la privación de la libertad de Patti, con el tratamiento adecuado, y nos dijeron que había un sector nuevo esperando ser estrenado por el aquí imputado y todos aquellos internos que lo reclamasen.”

Casación tiene cinco días hábiles para responder el planteo.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Ordenan detener a Luis Patti por el caso de Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereyra Rossi

El tiroteo fraguado de 1983

El juez Carlos Villafuerte Ruzo dispuso el arresto de Luis Patti y de otros represores ya detenidos –como Reynaldo Bignone y Pascual Guerrieri– por los secuestros y homicidios de los dos militantes peronistas.

 Por Diego Martínez

A seis años, siete meses y tres días del pedido del fiscal federal Juan Murray, el juez Carlos Villafuerte Ruzo ordenó la detención de Luis Patti por la privación ilegal de la libertad, los tormentos y homicidios de los militantes peronistas Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereyra Rossi, uno de los últimos crímenes con el sello de la dictadura: torturas a cargo de militares y civiles de inteligencia del Ejército, asesinato en tiroteo fraguado por policías. El juez de San Nicolás quien, a pesar de sucesivas recusaciones por congelar expedientes y manifestarse en contra del avance de los procesos de lesa humanidad, instruye las causas con el visto bueno de la Cámara Federal de Rosario ordenó también la detención e indagatoria de represores que estaban libres cuando Murray pidió sus capturas y hoy están condenados, como Reynaldo Bignone o el coronel Pascual Guerrieri.

Cambiaso y Pereyra Rossi fueron secuestrados el 14 de mayo de 1983, frente a testigos, en el bar Magnum de Rosario. Horas después fueron asesinados cerca de Zárate por una patrulla de la Unidad Regional de Tigre integrada por Patti y los suboficiales Rodolfo Diéguez y Juan Amadeo Spataro. El Ministerio del Interior y la policía de la provincia de Buenos Aires informaron que fueron “abatidos en un enfrentamiento”. Los policías fueron felicitados por el jefe de la Bonaerense, general (ahora condenado) Fernando Verplaetsen, y calificados como “jóvenes valientes” por Bignone.

El peritaje de los tejidos cambió el escenario: demostró que ambos fueron golpeados, torturados con picana, atados con cuerdas, y que los disparos fueron a quemarropa. El juez Juan Carlos Marchetti ordenó detener a los policías, pero luego se desdijo y los sobreseyó. Sugirió que no estaba probada la relación entre secuestros y asesinatos: bien pudieron haberse fugado tras las torturas, haber robado un auto y armas y haber partido hacia Zárate, donde se toparon con Patti, que los acribilló a balazos. Un mes antes del retorno de la democracia, la Cámara de Apelaciones de San Nicolás confirmó el sobreseimiento, aunque advirtió que los testigos clave habían modificado “extrañamente” sus dichos.

El 28 de marzo de 2005, Murray pidió la nulidad del sobreseimiento y la reapertura de la causa. Se sumaron al reclamo familiares de las víctimas patrocinados por abogados de H.I.J.O.S. Rosario. La investigación del fiscal sugirió que tras el “Documento final” que dio por muertos a los desaparecidos los servicios diagramaban y ejecutaban operaciones para enrarecer el clima político con la esperanza de suspender el llamado a elecciones. Murray desmenuzó los esfuerzos por borrar todo rastro de torturas y disparos por parte de los policías que instruyeron la causa con el visto bueno del juez Luis Milesi y luego de Marchetti, autor del sobreseimiento, “inexplicable desde el punto de vista jurídico”.

Completó el rompecabezas en 2008 el ex civil de inteligencia Eduardo Costanzo, luego condenado. Costanzo confesó que el seguimiento estuvo a cargo de Juan Andrés Cabrera, alias Barba, que los secuestradores fueron Guerrieri, Víctor Hugo Rodríguez, Edgardo “El Gato” Andrada y “toda la patota”, y entre quienes llevaron a las víctimas al camino donde las mataron nombró a Ariel Porra, alias Puma. El juez citó ayer a indagatoria a todos excepto a Chuli Rodríguez, presidente de la asociación sanmartiniana Cuna de la Bandera, quien cruza los Andes cada año junto al intendente rosarino, Miguel Lifschitz. A pedido de Murray, el juez también ordenó detener al teniente coronel Luis Armando Muñoz, ex segundo jefe del Destacamento de Inteligencia 121, y al ex PCI Walter Salvador Pagano.

El ultracatólico Villafuerte Ruzo fue recusado en agosto de 2010 por fiscal y querellantes por obstaculizar todas las causa contra represores e incluso pronunciarse a favor de la constitucionalidad de las leyes de impunidad. Sigue al frente de los expedientes con el respaldo de los camaristas rosarinos Carlos Carrillo, José Guillermo Toledo, Elida Vidal, Edgardo Bello y Liliana Arribillaga. Su futuro al frente de las causas contra represores como su cuñado, el general Enrique Bonifacino, están desde hace un mes en manos de la Cámara Nacional de Casación Penal.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Terrorismo de Estado y manicomio

La extracción de la verdad

Un hombre internado en un manicomio, que había sido víctima del terrorismo de Estado durante la última dictadura, dio testimonio en un juicio por crímenes de lesa humanidad. Después, volvió al manicomio. Su historia presenta la conjunción y, quizá, la articulación entre los dos infiernos.

 Por Fabiana Rousseaux *

Jesús tiene 50 años. En 1976 fue secuestrado, cuando tenía “16 años y medio”, de acuerdo con su implacable memoria. Pasó por la comisaría de Escobar, dirigida por Luis Patti, donde fue torturado, junto con su referente político Gastón Goncalves y otros compañeros de la Juventud Peronista. Después, fue expulsado del país.

En su exilio, intentó rearmar algo de la vida que el terrorismo de Estado le había resquebrajado, (des)instalándose en otro país. Logró constituir una familia. Pero dejar atrás las marcas no es sencillo. En un viaje a la Argentina, el espanto se le impuso nuevamente y cometió un delito. Fue detenido y, a partir de entonces, su vida transcurre en la unidad penal de un hospital neuropsiquiátrico. Después de la muerte de su madre, quedó en el más rotundo olvido. El sabe que allí no habrá condena, pero que el encierro será para siempre.

Estuvo durante 18 años en la Unidad Penal 34, del Melchor Romero, y ahora, desde hace poco, en la Unidad 10, donde al menos, dice, puede “ver la ruta, con algún coche que pasa cada tanto, porque antes sólo se veía el paredón”.

Durante todos estos años en el penal del manicomio, cada vez que veía a Patti en la televisión se indignaba y contaba los vejámenes que éste había cometido contra él y sus compañeros. Dice que no entiende cómo pudo llegar a ser intendente, cómo intentó luego ocupar una banca de diputado. Dice que siempre soñó con hacerle un juicio a Patti, si alguna vez salía de ese lugar. Por supuesto, es la palabra de un loco: ni esas palabras ni las que hablen de su detención y las torturas sufridas a los 16 años y medio serán tomadas por ciertas en un lugar como ése, donde hay, en cambio, una respuesta generalizada y medicalizada para todos y para todo.

Jesús es el parresiastés, tal como lo define Michel Foucault (véase, por ejemplo, “Coraje de la verdad”, Página/12, sección Psicología, 3 de enero de 2011): alguien de un “decir veraz”, que dice lo que piensa, que está comprometido con su verdad. Jesús quizá lo es más que nadie, ya que sabe que nadie le creerá. Lanza su verdad a otros sin calcular los riesgos de hacerlo, o, más aún, calculándolos los asume, desde su sala de manicomio.

¿En qué memoria teórica debemos pararnos para dejar de dudar de las secuelas que los crímenes cometidos por el terror de Estado produjeron? La “inimputabilidad” de Jesús en nada niega la verdad de esos hechos, ni de sus relatos, mucho menos de sus consecuencias trágicas. Las marcas de la historia social que transitamos, tomen la forma que tomen, se alojen en una estructura psíquica o en otra, no pueden ser ignoradas.

Durante años a Jesús se lo dio por muerto, hasta que, a través del Ministerio de Interior, se lo logra ubicar: Otros sobrevivientes de Patti hablaban de él, pero las versiones eran muy variadas y desconcertantes: que estaba en otro país o que estaba muerto o que estaba preso. Lo cierto es que ningún compañero de militancia había logrado saber nunca nada sobre él, hasta que hace pocos meses lograron ubicarlo.

A partir de ello, Jesús fue propuesto como testigo en la causa que los hijos de Goncalves y Muniz Barreto, junto con la familia de los hermanos D’Amico, iniciaron contra Patti, Mignone, Riveros, Meneghini y Rodríguez. Los abogados querellantes de esa causa lograron dar con este testigo central para demostrar las torturas y desapariciones cometidas por el ex policía.

Jesús aceptó inmediatamente. Reconoció, con todos los detalles necesarios, a los responsables de tan aberrantes delitos. Hizo un uso de memoria que nadie podría comprender si no fuera porque se trata de un hombre que durante 18 años había estado sometido al olvido y a la indignidad de perder el valor de su palabra, convertido en un sujeto que no puede responsabilizarse ni de sus actos ni de sus dichos, ni de sus dolores, en un lugar donde cada demanda y cada opinión fueron acalladas: “El halopidol me dejaba duro y, a pesar de los terribles dolores que tenía, porque estaba mal del hígado, el médico me vio solamente una vez en un año y medio y nunca me daban analgésicos, así que aprendí a manejar el dolor”, relata.

Desde que empezó a recibir visitas de los abogados, los familiares de las víctimas y los compañeros, su lugar comenzó a ser interrogado por los habitantes de ese espacio penal-psiquiátrico. En una de las visitas se nos acercó un grupo de guardias del Servicio Penitenciario y empezaron a preguntarnos por su historia. Pareciera que todo el universo del penal en el manicomio se vio modificado por este nuevo hecho. La historia de Jesús, que había quedado encapsulada y forcluida durante casi dos décadas, comienza a rodar nuevamente, se descongela el tiempo, hay un antes-de-la-detención, previo a la cadencia idéntica a sí misma de la rutina penitenciaria en el manicomio, que se hace audible. Se anuda con el mundo exterior. Comienzan a circular los diarios allí adentro. Los noticieros adquieren otro estatuto. surgen las preguntas por él y su historia. El encierro ha experimentado una mínima, perceptible alteración.

Ahora sus compañeros de encierro preguntan qué le había pasado, están evidentemente impactados por eso que había sido denunciado tantas veces pero que sólo se hizo audible cuando el discurso jurídico entró en la institución total.

Manuel, hijo de Gastón Goncalves, dice que, cuando conoció a Jesús, lo que más lo impresionó fue su capacidad de entender de inmediato lo que le estaban proponiendo. Para alguien que desde hacía 11 años, a partir de la muerte de su madre, no recibía ninguna visita, no era sencillo pensar en un cambio de posición tan radical: convertirse en un sujeto con derechos, capaz de enfrentarse a un tribunal donde su palabra tendría valor, los jueces lo escucharían y sus compañeros de épocas de militancia estarían como testigos de su verdad, una verdad colectiva que, de tan dolorosa, se hace impensable. Jesús estaba allí enfrentando todo eso en un solo acto, sin avales subjetivos, sin garantías de lo que iba a sentir después de semejante acto cuando volviera, solo, a su realidad penalizada, apenas con su dolor acallado y los detalles de una memoria implacable. Jesús, el memorioso.

La defensa objetó su testimonio, como tantos otros, pero el tribunal hizo lugar a lo declarado por Jesús. Declaró esposado. Expresión radical y extrema de la paradójica condición de víctima-testigo del terrorismo de Estado e imputado de un delito común. Aun parándonos en el reverso, ¿su peligrosidad será mayor que la de Patti y sus colegas torturadores? Jesús asumió su lugar –al igual que tantas veces lo hizo durante estos largos años– como si se tratara de una clase magistral de dignidad dedicada a quien tres décadas atrás lo había torturado a pesar de sus 16 años y medio. Un asentimiento subjetivo incalculable, enigmático y profundamente ético. Ana Nuño, en su texto “El testigo entronizado, a pesar suyo”, en referencia a la relación entre la memoria subjetiva y el discurso histórico, advierte que los verdugos no dan testimonio, que siempre callan, porque sus actos están más allá de las palabras.

Cuando finalizó la declaración de Jesús, sus ex compañeros de militancia salieron a las escalinatas del Centro Cultural de José León Suárez, donde se desarrollaban las audiencias, y con el puño en alto se despidieron de él, que era trasladado nuevamente al penal en un vehículo del Servicio Penitenciario Federal. El instante de víctima del terrorismo de Estado había concluido, y con ello el valor subjetivante de su palabra. No fue poca cosa, en 18 años de encierro, ese instante.

El cruzó al otro lado del muro y volvió, pero ese cruce nunca es sin consecuencias, porque ya no se vuelve al mismo lugar. Reescribir un nombre no es poca cosa, cuando se está más acá de los márgenes del manicomio, cuando los surcos del rostro hablan del dolor, del abandono y de la tristeza. Pero también de la alegría de, por fin, haber sido rescatado del olvido. Haber sido dignificado, al ofrecer su palabra valiente. Haber hecho lugar a aquel sueño premonitorio de “hacerle un juicio a Patti”. Verlo preso, como él y todos esperábamos. Quizás esa haya sido la única oportunidad en que el muro que separa la “normalidad” de la locura permitió que, por un rato, Jesús lo atravesara. O quizá sea necesario que asumamos esta verdad colectiva y nos dejemos interpelar por los efectos de la trágica historia vivida. La verdad de Jesús es la historia de todos.

* Psicoanalista. Directora del Centro de Asistencia a Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos Dr. Fernando Ulloa, Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

viernes, 27 de mayo de 2011

Luis Patti condenado a prisión perpetúa ¡¡por fin a cárcel común!!

Preso en cárcel común

La lucha que inició Diego Muniz Barreto en cautiverio y que durante 34 años impulsaron centenares de personas, finalmente rindió su fruto: Luis Abelardo Patti, condenado el mes pasado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad, comenzó a cumplir su sentencia en una cárcel del Servicio Penitenciario Federal. Luego de casi un año y medio internado en el centro de rehabilitación Fleni de Escobar, los pagos donde en tiempos de impunidad llegó a ser intendente, el torturador y asesino fue trasladado por orden de la Justicia al hospital del Complejo Penitenciario Federal 1 de Ezeiza, donde continuará con su tratamiento de rehabilitación.

Patti estuvo detenido desde noviembre de 2007 en el penal de Marcos Paz junto con Etchecolatz, Von Wernich & Cía. En enero del año pasado sus abogados Alfredo Bisordi y Silvio Duarte consiguieron la autorización del Tribunal Oral Federal 1 de San Martín para que el represor se operara de una lesión en los ligamentos cervicales, maltrechos desde un accidente que sufrió en 1997 como copiloto de un auto de Turismo Carretera. Durante la intervención, en el hospital que la Universidad Austral posee en Pilar, Patti sufrió un accidente cerebrovascular (ACV) que le permitió tomar distancia de la cárcel. La recuperación comenzó en la clínica Fleni del barrio de Belgrano y continuó en el imponente hospital de la familia Pérez Companc en Escobar, donde el torturador recibía a sus amigos a toda hora y se sacaba fotos sonriente, con cuello ortopédico y abundante cotillón.

A mediados de 2010, mientras el tribunal rechazaba los insistentes pedidos del fiscal federal Juan Patricio Murray para que el policía fuera examinado por el Cuerpo Médico Forense y no por los médicos de la clínica que había inaugurado como intendente, quienes justificaban una y otra vez su permanencia, los defensores de Patti fueron por más y pidieron el arresto domiciliario. Argumentaron que el tratamiento bajo la modalidad “hospital de día” sólo se lo podía brindar el Fleni y que los traslados desde cualquier penal serían letales para la salud del cliente. Pero una pericia realizada a pedido de las querellas frustró la maniobra. Un médico ofrecido por los abogados Ana Oberlín y Pablo Llonto corroboró que el torturador simulaba y que no hablaba para disimular su verdadero estado. El tratamiento indicado por el Fleni “no es imprescindible”, concluyó.

Sin devolverlo a su casa pero tampoco al Hospital de Ezeiza, el mejor equipado del Servicio Penitenciario, el tribunal que preside Lucila Larrandart inició el juicio con Patti internado. Incapaz de mirar a los ojos a los hijos de sus víctimas, el torturador enfrentó el proceso disfrazado de enfermo terminal, ingresó al auditorio sólo cuando el tribunal lo obligó y ni siquiera de pie, sino acostado en una camilla y con los ojos cerrados. Lejos de la locuacidad que lo caracterizó en tiempos de impunidad, respondió con monosílabos cuando la jueza le preguntó si iba a prestar declaración indagatoria, en las audiencias iniciales, y si iba a hacer uso de las últimas palabras, antes de recibir la sentencia.

El 14 de abril, Patti fue condenado a prisión perpetua. “El cumplimiento de la pena impuesta a los acusados se llevará a cabo en un establecimiento del Servicio Penitenciario Federal”, leyó Larrandart. Luego aclaró que por decisión del tribunal sería ella la responsable de controlar la ejecución de la sentencia. El jueves la jueza dio el último paso. En un documento que apenas supera la carilla, fechado en Olivos, dispuso el “traslado, reingreso y alojamiento” de Patti en una cárcel del SPF. Argumentó en base a un informe del médico Lisandro Olmos, para quien Patti “no requiere permanecer internado y se encuentra en condiciones de continuar con un programa de rehabilitación ambulatorio”.

viernes, 15 de abril de 2011

Los otros condenados y los otros silenciados

  Los condenados:
  
-Reynaldo Bignone. Fue comandante del Segundo Cuerpo de Ejército durante 1977. Fue condenado por el Tribunal Oral Federal Nº 1 de San Martín a 25 años de cárcel común por los crímenes de lesa humanidad cometidos en Campo de Mayo. En dicha ocasión Bignone se responsabilizó por todas las órdenes impartidas a sus subordinados.

- Santiago Riveros. Fue comandante del Comando de Institutos Militares entre 1976 y 1977. Al igual que Bignone, posee una condena del mismo tribunal a 25 años de prisión por las violaciones a los derechos humanos cometidas en Campo de Mayo.

- Juan Fernando Meneghini. Fue comisario de la Comisaría 1a de Escobar entre 1976 y 1977. Allí era el jefe directo de Luis Patti.

- Martín Rodríguez. Se desempeñó como oficial de Inteligencia del Primer Cuerpo del Ejército y fue jefe del Grupo Especial de Institutos Militares

Los silenciados 
Los sobrevivientes, tanto en los medios de comunicación que ahonda con morbo el caso particular y familiar, y diluyen los otros muchos detenidos desaparecidos que en el enfoque individual no son contenidos, como así lo estableciera el perverso mecanismo juidicial que separa las causas, elimina toda posibilidad de enjuiciar por fuerza y por campo de concentración, y por supuesto, tal como entonces, anular, silenciar, ocultar, el crimen de genocidio.
Y los sobrevivientes que como testigos de conceptos fueron silenciados por parte los jueces, como lo hiciera Lucila Larrandart, con Margarita Cruz, sobreviviente y miembro de la AEDD.

(¡que tremendo ser conocido por la pena de los demás...! Primo Levy

Perpetua para Patti: Otro largo camino para conseguir justicia


Hubo muchos momentos de frustración, pero también con varios logros, como cuando en mayo de 2006 el Congreso resolvió cortar su carrera política por “inhabilidad moral”. Hasta ayer, Patti se defendía diciendo que no tenía condena.

 Por Adriana Meyer

“Es que no tiene ninguna condena”, repetían diputados, políticos y juristas autodenominados progresistas y de derecha cuando el Congreso debatía sobre las condiciones que debía tener la impugnación a la banca con la que aspiraba a consolidar su impunidad. Pero fracasó por “inhabilidad moral”, y así llegó finalmente al banquillo que debió haber ocupado muchos años antes. Fue un larguísimo camino para los familiares de sus víctimas, que tuvo momentos de desazón y también de festejo, como aquel 23 de mayo de 2006, cuando el Parlamento truncó para siempre su carrera política. Candidato en campaña o impugnado, diputado electo o inhabilitado, libre o preso, en una cárcel o en una clínica, durante la última década cada uno de estos dilemas hacía fluctuar su estado de ánimo. No pudo ser por los asesinatos de Cambiaso y Pereyra Rossi, ni tampoco por las torturas a Bárzola y Guerrero, pero es probable que todos los parientes de sus víctimas hoy sientan que su dolor pesa un poco menos.

Durante aquel proceso en la Cámara de Diputados, el desfile de testimonios del horror generado por Patti evidenció su abultado historial delictivo y mostró que durante la dictadura tuvo predilección por el acoso a militantes justicialistas y delegados sindicales. Alias “el Loco”, era apenas un oficial de calle en 1975 cuando fue elogiado por sus superiores, que pertenecían al círculo íntimo de Ramón Camps, por su ferocidad. En su legajo policial hay trece sumarios por apremios ilegales, atentado, resistencia a la autoridad y cuádruple homicidio en riña, privación ilegal de la libertad, hurto, tentativa de robo, abuso de armas y tenencia de arma de guerra.

En 1976 estuvo imputado por la aplicación de tormentos al detenido Julio Di Battista, pero fue sobreseído. Al año siguiente fue acusado por fusilar a tres jóvenes que jugaban al metegol. El hecho fue revelado por el diario El Actual, que dirigía Tilo Wenner, quien permanece desaparecido. En 1983 estuvo detenido por el asesinato de los militantes Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereyra Rossi. Tras enormes presiones, el juez que lo había encarcelado cambió su posición y lo sobreseyó. La Cámara de San Nicolás confirmó aquel sobreseimiento, pero consignó que los testigos habían modificado “extrañamente” sus dichos.

En enero de 1990, una comisión policial encabezada por Patti mató al joven Luis Selaye en Garín. En las manos del muerto apareció un revólver calibre 38 que según el policía Isabelino Miño estaba “en el despacho de Patti con anterioridad, porque siempre hablaba de que debía ser utilizado para justificar su presunto enfrentamiento”, tal como publicó este diario en enero de ese año. El ex comisario tampoco fue procesado por este caso de gatillo fácil. El 4 de octubre de 1990, Patti se entregó luego de estar prófugo siete meses y quedó detenido por torturar a los presos comunes Miguel Guerrero y Mario Bárzola. La Corte Suprema bonaerense comprobó el paso de corriente eléctrica por el cuerpo de ambos. El ex comisario daba las órdenes durante una sesión que incluyó “submarino seco” sobre un elástico. “Traé la batería”, fue una de las indicaciones que dio. Patti recusó al juez que lo había procesado y cinco años más tarde fue absuelto por prescripción. Al poco tiempo sería electo intendente de Escobar, pero ya había hecho campaña como “investigador” del caso María Soledad en Catamarca, enviado en 1991 por el ex presidente Carlos Menem.

Pasaban los años y crecía su impunidad. Estuvo cerca del banquillo más de una vez de no haber mediado un juez que cambió su sentencia, una Cámara que declaró la prescripción y veinte años de parálisis por las leyes de impunidad. La mayoría de sus víctimas están muertas o desaparecidas, sus familiares y los sobrevivientes fueron amedrentados por el poder que acumuló el represor, que además persiguió a funcionarios judiciales con falsas denuncias. Por eso al momento de reclamar su banca, Patti podía invocar su presunción de inocencia, que jamás argumentó porque, al ser indagado, se quedaba callado. Sin embargo, luego de la impugnación en el Congreso y, sobre todo, luego de su detención en noviembre de 2007, se activaron los expedientes que lo llevaron a la primera condena, la de ayer.

Desde la cárcel se permitió proclamarse “preso político” y “proscripto”. También mentía Patti cuando vociferaba que no tenía causas abiertas, porque estaba procesado por encubrir a un represor que estaba prófugo en la causa de la Contraofensiva. Y estaba pendiente la reapertura del caso Cambiaso-Pereyra Rossi a pedido del fiscal Juan Murray, quien recordó que Patti confesó en 1983: “Yo los maté en un enfrentamiento”. Pero en la causa, reabierta recién el año pasado, hay una prueba que indica que los fusiló por la espalda. Su prédica de “mano dura” le valió 400 mil votos en 2005, cuando compartió boleta con Chiche Duhalde, aunque a esa altura ya había hecho apología del delito y se había confesado torturador.

Juana Muniz Barreto tomó coraje de denunciar al asesino de su padre cuando vio los carteles de la campaña del Paufe (Partido Unidad Federalista). Pero Patti no habría llegado siquiera a los afiches si alguna vez la voluntad política hubiera alcanzado para sancionar alguno de los tantos proyectos de ley que hay en Diputados para inhabilitar el acceso a cargos públicos de represores. Ese era el argumento favorito de los funcionarios judiciales, que pateaban la pelota al Poder Legislativo para sacarse la “Patti” caliente de encima.

La abogada Ana Oberlin hablaba de terquedad, y sí, fue esa obstinación, junto a la firmeza de su colega Pablo Llonto, la vehemencia de los Muniz Barreto y los Gonçalves, la valentía de los testigos más recientes. Ellos y todos quienes conocían los detalles del prontuario de Patti aguantaron durante años con impotencia cuando les decían “pero no tiene condena”. Ahora dirán que la histórica sentencia de ayer aún no está firme, porque falta la confirmación de las Cámaras y, eventualmente, de la Corte Suprema. Pero ya tiene condena, que no es poco.

jueves, 14 de abril de 2011

Prisión perpetua y cárcel común para Patti y otros

Patti fue condenado a prisión perpetua en cárcel común por delitos de lesa humanidad en la dictadura


El Tribunal Oral Federal Uno de San Martín condenó al ex subcomisario de la Policía Bonaerense a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad cometidos en la última dictadura. También recibieron la misma pena el ex dictador Reynaldo Bignone, Santiago Omar Riveros y el ex agente de Inteligencia del Ejército, Martín Rodríguez.

se conocerá la sentencia en el juicio a Patti por delitos de lesa humanidad

El Tribunal Oral Federal 1 de San Martín dará a conocer este jueves su veredicto en el juicio que por primera vez sentó en el banquillo de los acusados por delitos de lesa humanidad al ex intendente de Escobar y ex policía bonaerense Luis Patti, quien afronta un reclamo de prisión perpetua por parte de todos los querellantes y la fiscalía.

El lunes último Patti se negó a pronunciar sus últimas palabras al ser ingresado en camilla a la sala de audiencias del auditorio Hugo del Carril, en la localidad bonaerense de José León Suárez, lugar donde esta tarde los jueces Lucila Larrandart, Horacio Segretti y María Lucía Cassaín emitirán su veredicto.

Junto con él son juzgados el ex presidente de facto Reynaldo Bignone, el ex general Santiago Omar Riveros, el ex agente de inteligencia del Ejército Martín Rodríguez y quien fuera jefe de Patti en la comisaría de Escobar desde poco antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, Juan Fernando Meneghini.

El juicio oral comenzó el 27 de setiembre del año pasado y a su término, en la etapa de los alegatos, Patti quedó acusado con pedidos de prisión perpetua por el crimen del militante Gastón Gonçalvez, el secuestro del luego asesinado ex diputado nacional Diego Muñiz Barreto, entre otros casos de privaciones ilegítimas de la libertad, torturas y desapariciones ocurridas en la zona de Escobar y Garín cuando él era oficial de calle de la comisaría local.

En caso de condenarlo, el tribunal deberá resolver además si lo envía a una cárcel común o lo deja permanecer internado como hasta ahora en la clínica Fleni de Escobar, donde está internado por un accidente cerebro vascular.

Desde ese centro asistencial se lo trasladó lunes y jueves al juicio que siguió desde una sala contigua o dentro de una ambulancia y en sus alegatos los querellantes reclamaron que si es condenado cumpla la pena en una cárcel común o en alguna que cuente con hospital adecuado.

Patti está procesado con prisión preventiva por el secuestro y asesinato del militante de la juventud peronista Gastón Gonçalvez en marzo de 1976, un hecho por el que está acusado de manera directa ya que se considera que el joven fue secuestrado por él, para ser llevado de manera ilegal a un camión celular estacionado en los fondos de la comisaría de Escobar, donde se lo torturó.

Días después fue fusilado de un balazo en la cabeza junto a otros tres secuestrados en un paraje conocido como "el Cazador" a la vera del río Luján, donde se encontraron los cadáveres que fueron enterrados como NN en el cementerio local.

Los restos de Gonçalvez fueron identificados 20 años después por el equipo de Antropología Forense, cuando Patti era intendente de Escobar, para luego ser electo diputado nacional, cargo que se le impidió asumir.

En cuanto a Muñiz Barreto, en los alegatos se consideró probado que Patti lo detuvo ilegalmente junto a su entonces secretario ya fallecido Juan Fernández, en una carnicería de Escobar el 16 de febrero de 1977.

Muñiz Barreto tenía 43 años y tres hijos, había sido diputado nacional por el Frente Justicialista por la Liberación Nacional entre 1973 y 74, cuando renunció junto a otros siete diputados.

"Los obligó a ir a la dependencia policial utilizando el automóvil marca Fial 128" que usaba Muñiz Barreto, que quedó semanas en la puerta de la comisaría donde ambos estuvieron secuestrados hasta ser llevados primero a Tigre y de allí al centro clandestino de detención que funcionaba en Campo de Mayo, donde se resolvió asesinarlos, se recordó en los alegatos.

Muñiz Barreto advirtió en una nota entregada a otro detenido sobre su lugar de alojamiento y adviritió que había sido secuestrado por Patti.

En este caso, los querellantes consideraron válido un elemento de prueba vital en el juicio: un testimonio dejado ante escribano público por el secretario Fernández, qjuien pudo salvarse del simulacro de accidente de auto donde fue asesinado Muñiz Barreto en Entre Rios.

Patti está acusado además de la desaparición de otros dos jóvenes militantes de Escobar, cuyos restos no fueron encontrados, los hermanos Luis y Guillermo D Amico.

El luego, el dos veces intendente de Escobar, frustrado diputado nacional y fundador del PAUFE actuó como oficial subinspector de Escobar desde el 4 de enero de 1972 y hasta el 7 de marzo de 1977, período en el cual se cometieron los delitos por los que fue juzgado y mañana se emitirá veredicto.