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miércoles, 9 de febrero de 2011

Boletín de la AEDD nro 771

Gacetilla de Prensa
 
JUICIO  EN SAN MARTIN 
JUEVES 10 de Febrero a las 9.30 horas la querella JusticiaYa alegará en el juicio que se viene desarrollando contra los genocidas : Luis Abelardo Patti, Santiago Omar Riveros, Benito Reynaldo Bignone, Juan Fernando Meneghini y Martín Rodríguez,  imputados por las privaciones ilegales de la libertad de :
 
Gastón Gonçalves, Diego Muñiz Barreto, Juan José Fernández, Carlos Daniel Souto, Guillermo David , Luis Rodolfo D´Amico y Osvaldo Tomás Ariosti.
                                
Las audiencias se realizan en el Auditorio “Hugo del Carril”,Diag. 164 Sáenz Peña 4151 (José León Suárez)
 
Contactos de prensa:
- Dr. Pedro Dinani (LADH) 011-1533437730                 
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- Enrique Fukman (AEDD) 011-1553372868
  Justicia YA!  Buenos Aires está integrado por Asociación Anahí, Asociación Gremial Docente de la UBA;Abogados Laboralistas de Izquierda (ALI), Asociación de Ex Detenidos-Desaparecidos; Asociación de Profesionales en Lucha (APEL); Centro de Abogados por los Derechos Humanos (CADHU); Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH); Comité de Acción Jurídica (CAJ); Comité de Defensa de la Etica, la Salud y los Derechos Humanos (CODESEDH); Comisión de DDHH de Uruguayos en Argentina; Comisión de DDHH del Partido Comunista; Comisión por los DDHH de Trenque Lauquen; Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI); Fundación Investigación y Defensa Legal Argentina (FIDELA); H.I.J.O.S. Regional Oeste; Instituto de Relaciones Ecuménicas; Liberpueblo; Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH); Vecinos de San Cristóbal contra la Impunidad

lunes, 4 de octubre de 2010

Patti obligado a dejar la camilla pero sigue el show de enfermo

El ex comisario Meneghini declaró y buscó despegarse de Patti
“Una vez me tiraron veinticuatro cadáveres”

La presidenta del Tribunal Oral obligó a Patti a sentarse y responder a la invitación a declarar. Lo colocaron en una silla de ruedas, pero avisó que no hablaría. Quien sí lo hizo fue Meneghini, ex jefe de la comisaría de Escobar.
Por Alejandra Dandan

Desde temprano había corrido la voz de lo que podía pasar. La presidenta del Tribunal Oral Federal 1 de San Martín iba a pedirle a Luis Abelardo Patti que abandonara la escenificación de enfermo, se incorporara y respondiera sentado a la invitación a la indagatoria. Horas después del comienzo del debate, el momento llegó. Tras un pedido en vano de sus abogados, el represor enfrentó al tribunal sobre una silla de ruedas. “¿Desea hacer alguna declaración?”, preguntó la jueza Lucila Larrandart. El ex subcomisario giró la cabeza súbitamente hacia la izquierda para mirar a los abogados querellantes. Luego de levantar el dedo pulgar, respondió a la jueza con un no.

La tercera jornada de audiencias del juicio oral y público en San Martín contra el ex policía entraba así en el tramo final. El ex dictador Reynaldo Bignone se negó a declarar y, antes de Patti, declaró durante unas cuatro horas el ex comisario Fernando Meneghini, jefe de la comisaría de Escobar desde enero de 1976, con prisión domiciliaria. Con la voz carrasposa y 74 años, Meneghini habló por primera vez. Intentó despegarse de Patti, al que, como iba vestido de civil, obligó “al menos a llevar saco y corbata” y a quien le levantó un sumario por tareas de inteligencia ilegal. En su defensa, habló de una relación todopoderosa de los militares de Campo de Mayo sobre la comisaría.

“La comisaría de Escobar tenía mil jefes”, dijo. “Yo parecía el hijo de la pavota, perdóneme la expresión, pero alguna vez me tiraron 24 cadáveres siendo que no me correspondían porque eran Pilar.” Durante uno de los intervalos, esos minutos para ganar algo de aire, los sobrevivientes, amigos y familiares de las víctimas intentaban decodificarlo. Diego Muniz Barreto, el hijo de una de las víctimas, sospechaba que como buen policía el hombre era muy verticalista, hasta que algo entraba en desgracia. Por otras, alguien suponía en cambio que “a lo mejor empezó a romperse el pacto de silencio y se produce un quiebre entre los militares y quienes tenían cargos intermedios como la policía”. En la declaración dejó además otras impresiones: la chance de que alguno de los datos podrían ser, además, el resultado de cierto enfrentamiento con Patti.

Meneghini llegó a la comisaría de Escobar en enero de 1976. Conoció a Patti “en la puerta”, aseguró, y aclaró que durante ese año el ahora ex intendente de Escobar estuvo en la delegación de Garín. Pese a que la delegación dependía de la comisaría de Escobar, Meneghini intentó despegarlo: “A mí no me constaba lo que había hecho en Garín, yo no lo conocía, no sabía qué mentalidad tenía y los corrillos públicos hablaban” del accionar ilegal desde que las comisarías habían entrado en la órbita del Ejército, tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. “No podía saber si hacía bien los deberes o transgredía la ley”, aseguró sobre lo que sucedía en Garín. Aun así, a partir de las preguntas de la querella tuvo que reconocer que Garín enviaba partes con operativos y novedades, él visitaba la delegación una vez a la semana y controlaba los libros.

De espaldas al público, enfrentado al tribunal, el ex comisario leyó artículos de diarios y las actas de resoluciones que determinaron entre 1975 y 1976 la subordinación de la policía a la órbita militar. Entre otros datos, se refirió además a un testigo de la instrucción para volver a Patti. Era el hijo del jefe de la Delegación municipal de Garín, la persona que además entregaba vales de nafta e impuestos a la comisaría. “Era Patti el que retiraba los vales”, dijo. “Además se puede presuponer que los vales de nafta eran para Garín, situación que nos lleva a sostener que Patti en dicha fecha con la jerarquía que ostentaba estaba en Garín y no en Escobar, porque la jerarquía reglamentariamente no le permitía estar al frente de una comisaría propiamente dicha.”

Meneghini dijo que Patti se sumó a Escobar en 1977, como oficial de calle. Que él no lo pidió, que fue una orden de la Unidad Regional de Tigre. “Yo nunca le dije a Patti, tal como se me adjudica, que no aplique tormentos sin mi autorización. Sí lo que le dije es que si él iba a prestar servicios en mi comisaría, porque lo había dispuesto la superioridad, que lleve al menos saco y corbata porque no llevaba uniforme y que a mi seccional no trajera ninguna persona ilegal porque yo inmediatamente la iba a documentar”.

Una de las sospechas es que Pa-tti era personal de inteligencia, con funciones en y fuera de Escobar. La querella preguntó a Meneghini por la Dipba, el área de inteligencia de la Policía de Buenos Aires y el ex comisario dijo por ejemplo que había una delegación de la Dipba en la Unidad Regional de Tigre, de donde salió –según sus dichos– el nombramiento de Pa-tti en Escobar.

A mediados de agosto de 1977, explicó, ordenó a Patti una investigación por el supuesto robo en una fábrica de madera. “Participe pero cuidado –le dijo–: usted ya sabe cuál es mi temática”. Al cabo de unos días, lo llamaron de Campo de Mayo porque el sobrino de un general se había quejado de Pa-tti. “Acosamiento –intentó aclarar Meneghini–, pararlo en la calle, incursionar en el núcleo de amistades y familiares de la víctima”.

–¿Eran tareas de inteligencia? –preguntó la querella.

–En la policía no se hacía inteligencia, sí averiguaciones, puede ser que en algún momento lo haya interpelado a este muchacho, que este muchacho le contó al tío, y así hasta que lo dijeron a mí.

Cuando supo que la Justicia iniciaba un juicio en su contra, el ex comisario regresó a la comisaría de Escobar para buscar los libros. Dijo que rescató una sola hoja del libro de sumarios de la comisaría, porque el resto había sido incinerado. Leyó la hoja. Eran datos de presuntas víctimas de la dictadura, con fecha, lugar, nombres o la identificación de NN con hipótesis de las causas de las muertes como privación ilegal de la libertad. La hoja incluía datos sobre los juzgados, a modo de cubrir sus responsabilidades pero a la vez señalar la de los juzgados.

Dijo que “en Escobar no se trabajaba subrepticiamente ni se ocultaba nada”. Y aunque no cuantificó los casos aseguró que “en el caso de los muertos que aparecían, había que identificarlos y nunca había autor. El autor de los hechos de lesa humanidad no iba a estar en el lugar esperando que vayamos noso-tros. Dejaban el paquete y se iban”. Los cuerpos, dijo, “eran NN con disparos de bala, semicarbonizados, cuyas inhumaciones y ataúdes para ser sepultados pagaba la intendencia de Escobar sin que nunca se llegara a identificar a los culpables de los crímenes”.

Meneghini dijo que a partir del 24 de marzo de 1976 la situación de la comisaría cambió: “La comisaría de Escobar parecía que tenía miles de dueños. El capitán que vino con su tropa me dijo que se hacía cargo de la comisaría por orden de la Junta Militar, se aposentó en la casa habitación, y me dijo: ‘Yo me hago cargo de la jurisdicción’ y que yo tenía la obligación de alojarlo”. El capitán era Eduardo Francisco Stigliano. “Compartí ese lugar como un náufrago de un barco pero sin saber lo que hacían porque no me daban ninguna explicación”.

domingo, 3 de octubre de 2010

“Que digan dónde están los compañeros”

Los represores, incluido Patti, podrán declarar si lo desean. Las querellas creen que el ex dictador Bignone podría hacerlo, aunque meramente para reivindicar el genocidio. Riveros ya se negó.
Por Alejandra Dandan

Hoy comienza una nueva audiencia del juicio oral en San Martín. Los represores, entre ellos el ex policía Luis Abelardo Patti, tendrán ocasión de declarar si lo desean. Los organismos de derechos humanos que integran las querellas reiteraron ayer lo que vienen repitiendo en cada uno de los juicios de todo el país: “Lo único que queremos escuchar de los genocidas es que digan dónde están los compañeros desaparecidos y qué es lo que pasó con ellos en los últimos momentos, todo lo demás no nos interesa”.

A una semana del comienzo de las audiencias orales que se llevan a cabo en el auditorio Hugo del Carril, en medio de un descampado en José León Suárez, el Tribunal Oral Federal Nº 1 de San Martín abrirá la posibilidad de que los acusados hagan sus descargos o declaraciones antes del comienzo de los debates. El jueves pasado, la audiencia terminó con la invitación a declarar para el primero de los cuatro acusados, el condenado Santiago Omar Riveros, entonces jefe del Comando de Institutos Militares con sede en Campo de Mayo. Riveros se negó a declarar y en su lugar se escuchó uno de los testimonios que brindó durante la instrucción del juicio.

Se espera que durante la audiencia de hoy las cosas sean distintas. Las querellas creen que, tal como lo hizo en el último juicio, Reynaldo Bignone hará uso de la palabra. Del hombre que fue el último presidente de facto de la dictadura militar, y a quien se lo juzga en este caso por su rol de segundo jefe del Comando de Institutos Militares, se espera que vuelva a reivindicar el genocidio.

Juan Meneghini, en cambio, fue comisario de Escobar durante el período en el que se produjeron los hechos. Se supone que en la audiencia de hoy repetirá las explicaciones que dio durante la instrucción para despegarse de los crímenes. Esto es, que no tenía responsabilidad sobre lo que ocurría en la comisaría una vez que el poder militar se hizo cargo de la zona. Y sobre su relación con Patti siempre dijo que el ex policía se manejaba por las suyas. Pero su explicación no coincide con lo que dicen las pruebas acumuladas de la causa, entre otras razones porque a esta altura está probado que Gastón Gonçalves, secuestrado el 24 de marzo de 1976 y cuyo cuerpo apareció carbonizado con una perforación en el cráneo el 2 de abril de ese año, estuvo secuestrado y sometido a tormentos en un celular de la policía ubicado en el mismo predio de la comisaría. En ese sentido, Ana Oberlin, que representa a una parte de la querella, indicó que Meneghini “no puede pretender desligarse de las situaciones que ocurrieron en el lugar porque siendo comisario tenía responsabilidades”.

Por último, es incierto aún lo que suceda con Patti. Desde hace una semana, el ex policía llega a las audiencias en una camilla y permanece unas horas recostado, rodeado de hombres del Servicio Penitenciario y asistido por un enfermero que controla su presión. Se supone que hoy ingresará en esas mismas condiciones a la sala. “No creemos que hable porque iría en contra de la estrategia que está desarrollando en estos días –dijo Oberlin–, que es que está ahí, y que no puede hacer nada, pero no descartamos que presente algún escrito a través de sus abogados.”

Sus abogados son Silvio Ramón Duarte y el ex camarista Alfredo Bisordi, que intentó a través de todo tipo de presentaciones dilatar el comienzo del juicio. De lo que pueda contener ese escrito también anoche corrían especulaciones. A esta altura del juicio, los querellantes creen que la estrategia de Patti será continuar en camilla para lograr finalmente conseguir la prisión domiciliaria.

La causa es un desprendimiento de la llamada causa Riveros, con más de 400 casos. Tres de esos expedientes son el sustento de este juicio oral. Se trata de Gastón Gonçalves, el único homicidio hasta el momento imputado a Patti; el de Muniz Barreto y su secretario Juan José Fernández, secuestrados el 16 de febrero de 1977 de una comisaría cercana a la comisaría de Escobar, en un hecho que sus familiares adjudican a Patti. Ambos fueron arrojados al Paraná, pero Fernández sobrevivió. El último expediente reúne el secuestro y desaparición de Carlos Souto y los hermanos Guillermo y Luis Rodolfo D’Amico.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Tres filas con fotos de los desaparecidos mientras Patti en la camilla no abre los ojos.

LOS HIJOS DE LAS VICTIMAS EN LA PRIMERA FILA DEL JUICIO A LUIS PATTI

El ex comisario volvió a entrar en camilla y permaneció acostado y con los ojos cerrados. Los peritos que lo revisaron coincidieron en que no había motivos para que el acusado no asista a las audiencias.
Por Alejandra Dandan
Las fotos de los desaparecidos ocuparon las primeras filas del tribunal.

Dicen que cierra los ojos porque no quiere verlos. Pese a eso, los hijos de las víctimas del ex policía Luis Abelardo Patti volvieron a sentarse en las primeras filas de esa rara sala de audiencias, montada en un descampado de José León Suárez, dentro del auditorio municipal Hugo del Carril. Alguien había colocado muy temprano sobre las sillas de las tres larguísimas primeras filas imágenes de los de-saparecidos y secuestrados en Campo de Mayo. Así, en el comienzo de la segunda audiencia del juicio oral contra el ex subcomisario, en esas primeras filas, en la primera silla quedó parada la foto de Diego Muñiz Barreto con su barba, al lado de la de su secretario Juan José Fernández y enseguida la de Gastón Gonçalves.

–¿Nadie se va a sentar en esas sillas? –preguntó esta cronista a una vieja integrante de los organismos de derechos humanos que dedicadamente iba enderezando las fotos. “No”, explicó la mujer. “Ellos las están ocupando.”

Como sucedió el lunes en la primera audiencia, al comienzo ocuparon sus asientos en el espacio destinado a los acusados Santiago Omar Riveros, Reynaldo Bignone, jefe y subjefe en 1977 del Comando de Institutos Militares con asiento en Campo de Mayo y el ex comisario de Escobar Fernando Meneghini. Patti entró después, montado con los ojos cerrados sobre un camastro. Permaneció durante tres horas con el cuerpo congelado, como si buscara la forma de no estar. Once peritos lo revisaron, aseguraba temprano uno de los hermanos Muñiz Barreto. Unos de parte de los defensores, otros por las querellas y además lo revisaron los peritos del Tribunal. Todos dijeron lo mismo: que pese a aquella nueva representación de patetismo estaba completamente en condiciones de permanecer en la sala.

En la audiencia de ayer, la secretaria del Tribunal Oral Federal 1 de San Martín terminó de leer las requisitorias de elevación a juicio de los organismos de derechos humanos. Luego pasó revista a la elevación a juicio en la que el juez de la primera instancia Juan Manuel Yalj dedicó un largo apartado a las “groseras” estrategias con las que el ex camarista Alfredo Bisordi, abogado de Patti, planteó, replanteó y volvió a presentar todo tipo recursos con “la única intensión de demorar el proceso de instrucción”.

El juicio contra Patti forma parte de la megacausa de Campo de Mayo, con más de 400 casos. Tres de esos expedientes se desprendieron para dar inicio al debate. Son los casos de Gastón Gonçalves, secuestrado el 24 de marzo de 1976 y cuyo cuerpo apareció carbonizado y con un disparo de arma de fuego en el cráneo el 2 de abril de ese año. También Diego Muñiz Barreto y su secretario Juan José Fernández, secuestrados en una carnicería cercana a la comisaría de Escobar el 16 de febrero de 1977 y arrojados al río Paraná después de inyectarlos para adormecerlos adentro de un auto. Y los casos de Carlos Daniel Souto y Guillermo David y Luis Rodolfo D’Amico, secuestrados el 10 de agosto de 1976, todos desaparecidos. Además, los secuestros de los padres de los D’Amico y de Osvaldo Tomás Ariosti del 3 de abril de 1976.

Durante la lectura de la acusación se escucharon los detalles de cada una de esas causas y el cúmulo de pruebas que las sostienen. Bisordi no estuvo en la sala y la defensa de Patti la llevó adelante su socio Silvio Ramón Duarte. Enseguida se escucharon los reproches de Yalj sobre la actuación de Bisordi en la causa, un dato importante porque los querellantes temen que parte de esa conducta vuelva a repetirse durante el juicio.

“La conclusión a la que cabe llegar a raíz de todos y cada uno de los escritos que el doctor Bisordi interpuso –decía el escrito– no obedecen a otro fin que demorar el curso de las presentes actuaciones.” En la última parte del proceso, el ex camarista interpuso siete escritos por supuesta inacción de las querellas, con excepción de la Secretaría de Derechos Humanos de Nación. Pero no porque se haya olvidado –agregó el escrito–, sino porque ya la había cuestionado. Luego sumó otros seis escritos para pedir la nulidad de los requerimientos de las querellas, se opuso al requerimiento fiscal de elevación a juicio, pidió el sobreseimiento de Patti y expresó nuevamente en un escrito 49 medidas que a su criterio faltaron llevarse a cabo. Yalj negó todo y consideró que la presentación de esos escritos por separado para que se formen tantos incidentes como escritos, era una estrategia para suspender la elevación a juicio hasta tanto Bisordi considere que todo adquiría firmeza, “previa interposición de infinidad de revocatorias, apelaciones, quejas, etc., todo lo cual desnaturaliza el sentido de la instrucción”. En ese tono, también rechazó las objeciones del abogado contra los organismos de derechos humanos “como consecuencia de su intento en demostrar que los mismos no tienen legitimidad para actuar en el carácter con el que lo vienen haciendo desde hace años”. Y le objetó los excesos de lenguaje, “una reiteración continua y excesiva que más allá de desmerecer a quien los expresa, sobre todo cuando no se trata de un bisoño letrado sino de una persona que ha hecho toda una carrera en el servicio de justicia, a los referidos excesos me imponen solicitarle en aras del decoro procesal que guarde en sus futuros escritos el lenguaje que su noble ejercicio de la defensa y el decoro del proceso aconsejan”.

Patti todavía estaba en la sala. A las 12.10, Duarte pidió permiso para llevarlo a la ambulancia presentada pomposamente como sala contigua al Tribunal. Lucila Larrandart, presidenta del Tribunal, aceptó. Un cuerpo de hombres del Servicio Penitenciario Federal pertrechados con chalecos antibalas y hasta algunos escudos lo sacaron en andas. En la sala se oyó algún rumor de protesta. Los lugares destinados a las huestes del ex subcomisario siguieron vacías como lo estaban el lunes porque sus hombres nunca llegaron.

Enseguida se pasó a la última parte de la audiencia, los planteos preliminares de nulidades y revocatorias de pruebas presentadas por la defensa, y durante las cuales se escuchó a Duarte vociferar con tonos exaltados. “¿Pero qué dice?”, preguntó una y otra vez Larrandart, que acababa de escuchar, como todos, las reprimendas del juzgado de instrucción a Bisordi. “¡No le entiendo!” “¡Por favor, por qué no es más claro!” ¿A dónde quiere llegar? ¿Esto no estaba ya planteado? ¿Porque no dice, entonces, qué guarda la reserva? ¿Pero va a pedir alguna medida?

Pero Duarte insistió. Pidió la nulidad de los requerimientos de las querellas, cuestionó el dictamen del fiscal y se despachó con pedidos de pruebas que las querellas y hasta el mismo tribunal luego consideraron improcedentes o tardíos. Entre otras cosas, quería el acta de cremación del cuerpo de Gonçalves o el certificado de muerte de Fernández, el compañero de Muñiz Barreto, sobreviviente del atentado, testigo ante la Conadep pero muerto efectivamente en 1985. Todo con palabras complicadas o con medias palabras, lo mismo que hizo poco más tarde. Esta vez, se sumó a un pedido del defensor de Bignone que quería la nulidad de la incorporación de la declaración de Juan Scarpati, secuestrado y fugado de Campo de Mayo, testigo clave de la causa y muerto hace dos años.

La resolución del planteo llevó más de una hora de tiempo. Luego de idas y de vueltas, Duarte llegó a argumentar invocando hasta a la Revolución Francesa y dijo que “los derechos humanos no nacieron con este juicio, sino que existen hace 200 años”. Nada prosperó finalmente. Para las defensas no tenían valor las ampliaciones del testimonio de Scarpati porque, dijeron, no habían sido comunicados. Como el testigo está muerto, buscaron de-secharlo. Pero los fiscales aprovecharon la ocasión para abrir una puerta para más adelante. El equipo integrado por Marcelo García Berro, Javier de Luca y Juan Patricio Murray aseguró que iba a revisar el testimonio de Scarpati sorprendidos porque a la defensa de Patti le interesaba anular el testimonio. Scarpati no vinculó a Patti a Campo de Mayo, no lo situó en el centro clandestino, pese a que existen sospechas de que estuvo ahí. Y ahora eso puede abrir una puerta para investigarlo.

Larrandart, que está apurada con el juicio, abrió además las indagatorias. Le preguntó a Riveros si quería declarar. El condenado militar se negó y se dio lectura a sus declaraciones anteriores en las que dice que sólo detenían a los que estaban infragrantes por 48 horas, les daban la misma comida que a la tropa, que no tenía injerencia porque los detenidos pasaban a manos de inteligencia. El lunes tendrá la palabra Bignone, Meneghini y Patti, que a última hora volvió a la clínica Fleni de Escobar.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Patti: en camilla en el primer día del juicio por sus crímenes durante la dictadura

A hacerse la víctima a la sala de audiencias

El policía represor está acusado por un asesinato, seis torturas y nueve secuestros. Es juzgado junto a Reynaldo Bignone, Santiago Omar Riveros y Fernando Meneghini. “Mientras no interrumpa el juicio que venga como quiera”, dijeron los querellantes.

 Por Alejandra Dandan

El condenado Reynaldo Bignone subió las escaleras primero. Lo siguió Santiago Omar Riveros, y al lado se sentó el ex policía Fernando Meneghini. El escenario del auditorio municipal Hugo del Carril en José León Suárez estaba listo. Se habían acomodado a un lado los integrantes del Tribunal Oral Federal 1 de San Martín; abajo, en las butacas, estaban familiares, testigos y representantes de los organismos de derechos humanos. Pero en la sala todavía faltaba el policía Luis Abelardo Patti. “Ni a mi novia esperé tanto en mi vida”, se oía entre el público. “A ver... A ver... ¿qué pasa?”, murmuró la misma voz delante de unas cartulinas con las caras y los nombres de otros asesinados en Escobar levantados como estandarte entre el público. “Ahí viene el bicho”, dijo la voz cuando un enfermero se abrió paso con la camilla en andas desde la puerta de emergencia ubicada a un costado. Rodeado por un impresionante cuerpo de hombres del Servicio Penitenciario pertrechados con chalecos antibalas, el ex subcomisario llegó acostado sobre el camastro, el cuerpo inerte, los ojos cerrados y un par de zapatillas deportivas. Así estuvo durante la primera jornada del juicio oral por los crímenes imprescriptibles de la última dictadura militar al que es sometido junto a los otros tres represores.

“Mientras no interrumpa el juicio que venga como quiera”, explicaba anoche Ana Oberlin, abogada de los querellantes. “Pedimos que se cumplan las garantías para los testigos; si él quiere seguir el show de lo patético, que lo haga en paralelo.”

Patti debía llegar a la sala de audiencias en sillas de ruedas; así se lo habían anunciado sus abogados –entre los que se encuentra el ex camarista Alfredo Bisordi– a las autoridades del Tribunal. Internado en la clínica Fleni de Escobar, una pericia determinó la semana pasada que estaba en condiciones de presentarse. Patti había dicho que ni siquiera podía pararse y aludió a un supuesto clavo que le toca la cervical. “Existen tomografías para saber si eso es cierto –dijo Oberlin–, no podemos creer que la dolencia exista y que no hayan hecho nada para solucionarlo.”

La sala estaba repleta. Testigos, familiares, representantes de los organismos de derechos humanos, movimientos piqueteros, como Barrios de Pie. En las filas de adelante, se sentó el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, entre las Madres de Plaza de Mayo con sus pañuelos. Estuvieron Enriqueta Moroni, Lita Boitano, Nora Cortiñas y Taty Almeida. En un costado habían dejado un ala completa del auditorio para la tropa de Patti, los hombres del Paufe de Escobar. Se suponía que irían en colectivos, pero nadie llegó.

Patti seguía adelante. La presidenta del Tribunal, Lucila Larrandart, dio por comenzada la audiencia. Entre las once de la mañana y la una de la tarde, el enfermero de Patti desabrochó el ruidoso abrojo del aparato de presión por lo menos tres veces. A las dos de la tarde, cuando concluyó el cuarto intermedio, uno de sus dos defensores, en este caso Silvio Ramón Duarte, anunció que Patti estaba con presión alta. Pidió permiso a los jueces para que el acusado siguiese la audiencia desde la ambulancia.

La jornada había comenzado con la lectura de la requisitoria de elevación a juicio escrita por el fiscal Jorge Sica. El juicio oral es un desprendimiento de la llamada causa Riveros, un expediente con unos 400 casos que siguen investigándose. Los imputados son Riveros, Bignone, Meneghini y Patti, acusado por nueve privaciones de la libertad, el homicidio de Gastón Roberto José Gonçalves y otros delitos (ver aparte).

El Tribunal leyó la descripción que la fiscalía preparó de cada una de las víctimas. La primera fue la de Gonçalves, secuestrado en Zárate el 24 de marzo 1976 y quien cuatro días más tarde estuvo en el interior de un camión celular estacionado en la parte de atrás de la comisaría de Escobar. Desde el momento de su detención, fue objeto de torturas. En la lectura se recordó que el 2 de abril de ese año, en el Camino isleño del río Luján, se encontró un cadáver carbonizado entre neumáticos todavía encendidos, con el cráneo destruido por un disparo de arma de fuego. El cuerpo fue enterrado como NN en el cementerio de Escobar.

El segundo caso que se escuchó fue el del ex diputado nacional Diego Muniz Barreto y su secretario Juan José Fernández. Ambos fueron secuestrados el 16 de febrero de 1977 alrededor de las seis de la tarde en una carnicería cercana a la comisaría de Escobar. Desde allí los llevaron a la Comisaría de Escobar, donde los tuvieron detenidos hasta el 18 de febrero. Después de pasar por la Unidad Regional o Comisaría Primera de Tigre y por Campo de Mayo, el 6 de marzo a la madrugada volvieron a meterlos en el baúl de un auto, los llevaron a orillas del Paraná en Entre Ríos, simularon un accidente y los arrojaron al río en el Fiat 128 de Fernández. Muniz Barreto murió. Fernández sobrevivió, y cuando salió describió lo que había sucedido a un escribano.

El último caso reúne el secuestro de varios adolescentes militantes de una Unidad Básica de Garín. Son Carlos Daniel Souto, secuestrado a las 7.30 del 10 de agosto de 1976 mientras esperaba el tren en la estación de Garín para ir a la escuela Manuel Estrada de Capilla del Señor. Ese mismo día, a la 13.30, el mismo grupo entró en la casa de los hermanos Guillermo David y Luis Rodolfo D’Amico. Eran vecinos de Souto. A Luis Rodolfo le sumergieron varias veces la cabeza en un tanque de agua del patio de la casa, y luego se los llevaron. Hoy siguen desaparecidos. Ese tercer expediente también incluye el caso de Osvaldo Tomás Ariosti, secuestrado el 3 de abril de 1976, alojado en la comisaría de Escobar, trasladado al buque anclado entre Zárate y Campana donde había otros detenidos. Ariosti pasó luego a Campo de Mayo, a la cárcel de Devoto, a La Plata y salió en libertad el 28 de octubre de 1978.
El nombre de Patti

Poco después del mediodía, la secretaría del TOF 1 concluía con la requisitoria fiscal con las pruebas contra Patti. “La abundante y concluyente prueba –indicó Sica en su escrito– permite concluir que en todos los casos ventilados fue coautor directo de las privaciones ilegítimas de la libertad, habiendo en algunos casos intervenido en tormentos.” Respecto de Gonçalves –indicó– quedó probada su persecución a través de múltiples testimonios. También la intervención en el secuestro, porque su madre supo por la hija de un testigo que él había sido el secuestrador. En el caso de Muniz Barreto recordó un mensaje que escribió el ex diputado desde la comisaría de Escobar en la que señaló a Patti como quien los había detenido. Citó además el testimonio del actual secretario de Derechos Humanos de Nación, Eduardo Luis Duhalde, y de Marcelo Fernández Grassi, entre otros, que afirmaron haber escuchado el relato escrito y narrado por Fernández, que falleció en 1985. Señaló además otro testimonio que afirmó que el ex diputado Muniz Barreto aparecía en la lista de desaparecidos que llevaba adelante la Nunciatura Apostólica de Buenos Aires, donde figuraba Patti como captor, cuando no era conocido públicamente. Y sobre los últimos casos, Sica explicó la conexión entre el secuestro de Souto y los hermanos D’Amico. Recordó que los padres de los hermanos declararon en 1985 y reconocieron a Patti como miembro de la comisión policial y de la policía de Garín. En tanto, Ariosti reconoció a Patti como su aprehensor, y quien lo trasladó al buque fondeado entre Zárate y Campana.

La jornada siguió con la lectura de otras requisitorias. La querella representada por Pablo Llonto y Ana Oberlin, que actúan en nombre de los hermanos Juana, Diego y Antonio Muniz Barreto, de los hermanos Manuel y Gastón Goncalvez y de María Isabel D’Amico, la hermana de Guillermo y Luis D’Amico, hoy desaparecidos. Riveros, Bignone y Meneghini seguían sentados. Bignone adelante, con las piernas cruzadas. Patti ya no estaba en la sala. “Muchas veces te hacen creer que vos sos una loca”, decía Juana Muniz Barreto estos días. “Que estás treinta años después molestando a estos señores mayores y en realidad los que están acusados de haber cometido delitos gravísimos y están sin ser condenados y juzgados son ellos, no uno. Es decir, ellos son los responsables de que mi papá hoy no esté acá con nosotros. Entonces hay que tener muy presente eso para poder sentarte bien cuando vas, porque hacen todo tipo de manejos para hacerte sentir que uno está en falta, y uno lo que hizo es lo correcto: es acudir a la Justicia a que resuelva algo gravísimo.