domingo, 3 de octubre de 2010

“Que digan dónde están los compañeros”

Los represores, incluido Patti, podrán declarar si lo desean. Las querellas creen que el ex dictador Bignone podría hacerlo, aunque meramente para reivindicar el genocidio. Riveros ya se negó.
Por Alejandra Dandan

Hoy comienza una nueva audiencia del juicio oral en San Martín. Los represores, entre ellos el ex policía Luis Abelardo Patti, tendrán ocasión de declarar si lo desean. Los organismos de derechos humanos que integran las querellas reiteraron ayer lo que vienen repitiendo en cada uno de los juicios de todo el país: “Lo único que queremos escuchar de los genocidas es que digan dónde están los compañeros desaparecidos y qué es lo que pasó con ellos en los últimos momentos, todo lo demás no nos interesa”.

A una semana del comienzo de las audiencias orales que se llevan a cabo en el auditorio Hugo del Carril, en medio de un descampado en José León Suárez, el Tribunal Oral Federal Nº 1 de San Martín abrirá la posibilidad de que los acusados hagan sus descargos o declaraciones antes del comienzo de los debates. El jueves pasado, la audiencia terminó con la invitación a declarar para el primero de los cuatro acusados, el condenado Santiago Omar Riveros, entonces jefe del Comando de Institutos Militares con sede en Campo de Mayo. Riveros se negó a declarar y en su lugar se escuchó uno de los testimonios que brindó durante la instrucción del juicio.

Se espera que durante la audiencia de hoy las cosas sean distintas. Las querellas creen que, tal como lo hizo en el último juicio, Reynaldo Bignone hará uso de la palabra. Del hombre que fue el último presidente de facto de la dictadura militar, y a quien se lo juzga en este caso por su rol de segundo jefe del Comando de Institutos Militares, se espera que vuelva a reivindicar el genocidio.

Juan Meneghini, en cambio, fue comisario de Escobar durante el período en el que se produjeron los hechos. Se supone que en la audiencia de hoy repetirá las explicaciones que dio durante la instrucción para despegarse de los crímenes. Esto es, que no tenía responsabilidad sobre lo que ocurría en la comisaría una vez que el poder militar se hizo cargo de la zona. Y sobre su relación con Patti siempre dijo que el ex policía se manejaba por las suyas. Pero su explicación no coincide con lo que dicen las pruebas acumuladas de la causa, entre otras razones porque a esta altura está probado que Gastón Gonçalves, secuestrado el 24 de marzo de 1976 y cuyo cuerpo apareció carbonizado con una perforación en el cráneo el 2 de abril de ese año, estuvo secuestrado y sometido a tormentos en un celular de la policía ubicado en el mismo predio de la comisaría. En ese sentido, Ana Oberlin, que representa a una parte de la querella, indicó que Meneghini “no puede pretender desligarse de las situaciones que ocurrieron en el lugar porque siendo comisario tenía responsabilidades”.

Por último, es incierto aún lo que suceda con Patti. Desde hace una semana, el ex policía llega a las audiencias en una camilla y permanece unas horas recostado, rodeado de hombres del Servicio Penitenciario y asistido por un enfermero que controla su presión. Se supone que hoy ingresará en esas mismas condiciones a la sala. “No creemos que hable porque iría en contra de la estrategia que está desarrollando en estos días –dijo Oberlin–, que es que está ahí, y que no puede hacer nada, pero no descartamos que presente algún escrito a través de sus abogados.”

Sus abogados son Silvio Ramón Duarte y el ex camarista Alfredo Bisordi, que intentó a través de todo tipo de presentaciones dilatar el comienzo del juicio. De lo que pueda contener ese escrito también anoche corrían especulaciones. A esta altura del juicio, los querellantes creen que la estrategia de Patti será continuar en camilla para lograr finalmente conseguir la prisión domiciliaria.

La causa es un desprendimiento de la llamada causa Riveros, con más de 400 casos. Tres de esos expedientes son el sustento de este juicio oral. Se trata de Gastón Gonçalves, el único homicidio hasta el momento imputado a Patti; el de Muniz Barreto y su secretario Juan José Fernández, secuestrados el 16 de febrero de 1977 de una comisaría cercana a la comisaría de Escobar, en un hecho que sus familiares adjudican a Patti. Ambos fueron arrojados al Paraná, pero Fernández sobrevivió. El último expediente reúne el secuestro y desaparición de Carlos Souto y los hermanos Guillermo y Luis Rodolfo D’Amico.